Muchos títulos han pasado por mi cabeza para este post.
“¿Qué estaré pagando?”, “Otro Viernes de Mierda”, “La Bruja Mala y el Idiota”; sin embargo, finalmente preferí quedarme con el que le puse, pues tiene un poco de todos ellos.
Y es que a pesar de estar escribiendo estas líneas en plena noche de brujas, para mí el Halloween fue el viernes.
Ese día tuve una pesadilla.
Y fue tan real, que hasta ahora siento que no he despertado.
Come les decía, fue tan real, que sabía que estaba en día Viernes, y que efectivamente era un día de mierda, y por supuesto había una bruja mala, y probablemente más de un idiota; todo lo cual me llevaba a la ineludible interrogante: ¿qué estaré pagando?.
Pero, mejor vayamos con la pesadilla de marras:
Yo era un simple aldeano, y pasaba por un buen año.
Había empezado a abrir mis horizontes para salir de esa aldea.
Había logrado trazarme un objetivo claro para un futuro cercano.
Pero, como ya les conté, en esta pesadilla había una bruja mala.
Una bruja que había alcanzado el poder.
Y no me quería.
Entonces arremetía en contra mía.
Sin embargo, a pesar de las arremetidas de la bruja en cuestión, yo había sabido eludirla de una forma u otra.
Había logrado mantenerme a prudente distancia de su viscosa varita.
O al menos eso creía.
Como les decía, pasaba por un buen año, y había encontrado la forma de reencontrarme con aldeanos de mi infancia y juventud.
Había logrado enterarme de lo felices que vivían muchos de ellos.
Y yo era muy feliz con todas esas noticias.
Y es que estaba convencido de que sólo el amor salvaría al mundo.
Pero me jodieron el año, justo cuando ya estaba cerca de acabarse.
Es que, finalmente, la bruja y su varita me dieron alcance.
Y lograron su objetivo.
Y pude ver su sonrisa de satisfacción.
Y yo, finalmente convertido en sapo, fui condenado a vivir en un charco.
Lo último que recuerdo de esa pesadilla es que había algo que me mantenía con vida.
La esperanza de que la Reina Buena del Oriente venga a mi rescate.
**********
Se supone que ya desperté, pero aún me siento adormilado, cansado, exhausto … fue –o es, ya no lo sé- una pesadilla muy real.
Se supone que no soy un sapo y que las brujas malas no existen, pero algo me dice que eso no es del todo cierto.
Y en la medida que aún me sienta dentro de la pesadilla, yo mismo me veré de color verde, y sentiré ¿miedo? por la bruja; pero a su vez, me sostendré con la esperanza de que finalmente la reina buena venga a mi rescate.
Sólo espero que cuando esté cerca de la Reina, no le descubra una verruga en la nariz, o que de entre sus ropas sobresalga alguna otra viscosa varita que delate un futuro que no quiero.
¿Truco o Trato?
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