miércoles, 19 de julio de 2017

REMAKE


Era 1984 cuando en plena avenida Perú, mi amiguita especial y yo, tomamos un taxi y nos fuimos a ver Footloose, una de mis pelas favoritas de toda la vida.

Un joven Kevin Bacon, al lado de Lori Singer, Chris Penn (+), hermano de Sean, y de una aún desconocida Sara Jessica Parker.

La trama era simple y hasta trillada … jóvenes de un pequeño pueblo rebelándose al establishment por una causa más que justa …

¡ ellos querían bailar !!!

Yo diecinueve y ella dieciséis.

La avenida Perú aún era tranquila a cualquier hora, y creo que aún estaba dividida por piedras de río … aún recuerdo cómo fue que esas piedras fueron lo primero que llamaron mi atención a mis ocho años … que fue la edad a la que llegué a vivir a San Martín de Porres.


La mayoría de los taxis de la época eran volkswagen escarabajo.

Fuimos al cine Conquistador de la avenida España, y eran tiempos de absoluta inocencia … hasta en lo nada inocente que a veces intentábamos hacer … sin éxito alguno.

No recuerdo bien cómo me agenciaba de dinero en esas épocas, que eran los inicios de mi vida universitaria … probablemente ponía mi carita de pena y le estiraba la mano a mi padre o a mi madre … porque de seguro ya había pasado aquella única etapa de emprendedor que tuve en mi vida, cuando licuaba frutas con agua y las ponía en bolsitas para convertirlos en marcianos, y venderlos en el restaurante de mi madre … para yo poder comprarme helados de crema.

Hace poco vi el remake de Footloose, una pela del 2011.

Una versión más country, aunque ya con iPods y teléfonos móviles.

Me gustó … cada remake tiene su encanto ...

Lo que hasta ahora no termina de gustarme, es ninguna de las versiones de mí mismo.

He transitado un ya largo camino, iniciando con un niño tímido y medroso hasta llegar a un adulto secuestrado por la culpa y el miedo.

He sido hijo obediente y pelotero de pista (obviamente odiado por los vecinos afectados) … estudiante aplicado (aunque de rendimiento medio) … adolescente que adolecía de todo (literalmente) … universitario nada brillante (mis certificados hablan por sí mismos) … soñador insufrible (mi lado más femenino, aunque suene machista) … joven adulto sin título ni trabajo (la etapa más estéril de mi vida) … profesor de colegio (con un buen trasero, según una nada tímida alumna de quinto de secundaria) … novio que no llegó a casarse (con ella) … asesor de tesis (sin haber hecho la suya) … esposo y practicante en un estudio de abogados (las dos cosas al mismo tiempo) … servidor público que siempre busca servir lo mejor posible (sin coimas) … buen estudiante de una maestría (modestias aparte) … profesor universitario que nunca buscaba desaprobar a nadie (en realidad, más que nada, cazador de talentos para el registro) … escritor fracasado (nunca escribí la novela soñada, aunque me siento como el protagonista de una con demasiados capítulos) … bloggero (con un blog que anda bastante deprimido) … para finalmente llegar a ese adulto que ahora se sienta, una vez por semana, frente a Amelia … en busca de su mejor versión.

Teniendo madre, esposa e hija (y, obviamente, descartando a la abuela, las tías, las primas, las ex, y cualquier otra amiguita que haya dejado una marquita imborrable en mi vida), sería una imperdonable impronta escribir que ella es la mujer de mi vida … entonces, no lo haré.

Pero si diré que es alguien que se ha convertido en una persona muy especial e importante en mi vida.

… ella me escucha y calla … y solo dice lo que quiero oir (aunque no me guste) … y esto es mucho de lo que espera un hombre de una mujer … por eso la quiero …

… ella logra que le diga lo que a nadie me he atrevido decirle … a nadie …

… ella no me juzga …

… ella me mira con dulzura y me dice que, primero que nada, debo quererme yo mismo …

… ella me mira a los ojos y me dice “no te preocupes Walter, todo va a estar bien” … y le creo … necesito hacerlo …

… ella, todas las semanas, cuando se despide, se para frente a mí, me abraza fuerte, me besa en una de las mejillas, y me dice casi al oído “cuídate mucho”“quiérete mucho”

No sé en qué acabará esta parte de mi historia.

No sé si lograré encontrar la mejor versión de mí mismo.

Lo que sí sé, es que ella, como nadie, me enseñó que sí es posible encontrar un nuevo panorama en mi horizonte … que hay más de un camino por tomar … que sí puedo elegir ser feliz, aunque haya que pagar un precio …

… en resumidas cuentas … que la elección es mía ... y de nadie más … de nadie más ...