domingo, 5 de julio de 2020

DESOLACIÓN



Los que me conocen saben que soy abogado por accidente … yo siempre quise ser escritor, periodista (… columnista en realidad) … y terminé de bloguero.

Siempre he sido un tipo soñador, demasiado creo … tanto así que por perseguir alguno de mis sueños, descuide una parte muy importante de mi realidad … y ahora estoy pagando … todos los días la vida se encarga de cobrármelo.

Desde siempre soñé con trabajar en la redacción de un periódico … las películas siempre alimentaron ese sueño … por eso es que me adapté rápidamente al trabajo que hago desde hace más de veinte años … no porque hagamos periodismo ni nada por el estilo, sino porque la distribución de las oficinas se parece mucho a una redacción … cantidad de escritorios, cada una con su PC, impresora y su teléfono … y harto papel.

Esa siempre fue la parte alegre del trabajo … llegar por las mañanas y encontrarte con ese mar de gente que se llaman tus compañeros de trabajo … llevándote bien con algunos pocos, regular con algunos otros y mal o pésimo con otros tantos … pero eso ya no importaba, lo que importaba era que estaban allí, conformando tu mundo, lleno de algunas buenas noticias, algunas intrigas y harto chisme.

Tú elegías … te paseabas por todos los escritorios regalando besos y buenos días, o decías en voz alta y grave ¡buenos días con todos!!! … tú elegías, era parte de tu libertad dentro de un mundo colorido, folclórico y estrafalario … era tu elección.

Hoy ya no es así. Una pandemia se lo llevó todo. Así como la guerra se llevó el mundo de Scarlett O’Hara, y no el viento como antojadizamente lo quiso ver Margaret Mitchell, una pandemia se llevó el mundo como lo conocíamos hasta hace unos meses, y si te atreves a retarla, podrías terminar conectado a un respirador, o morir en la puerta de un hospital o de una clínica … o también podría no pasar nada … el problema es que nadie sabe qué podría pasar, nadie … la vida se ha vuelto tan impredecible, que ahora tienes que predecirlo todo para poder sobrevivir.

Los que tienen suerte, de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, salir a lo estrictamente necesario … los que tienen menos suerte, teletrabajo … y los menos afortunados solo tienen que sobrevivir sin salir, como si te hubieran sentenciado a perder tu libertad sin haber cometido delito alguno.

Si, la vida ya no es lo que era antes … mañana es Lunes, me levantaré como todos los días y esta artritis aun no diagnosticada me recordará a mi madre, quien sigue esperando una lágrima mía desde aquella tarde-noche en que una llamada telefónica me dijo que ya no la vería nunca más … me levantaré con dificultad, maldeciré a ese dolor que no me deja ni levantar la tapa del inodoro ni atarme bien los pasadores … pero mentalmente me animaré a mí mismo diciéndome para mis adentros el dolor se irá, solo tienes que moverte y el dolor se irá … y si, se va, pero así como se va, también sé que volverá para recordarme que aún tengo mucho que pagar, que no tienes que morir para irte a un infierno que nadie sabe a ciencia cierta si existe, aquí las pagas todas.

Si, la vida ya no es lo que era antes … y ya no sé si a causa de esta pandemia o por esta depresión si diagnosticada que magnifica todo lo gris, y ensombrece hasta el arco iris más colorido.

Si, la vida ya no es lo que era antes … mañana es Lunes y llegaré al trabajo, saludaré a los amables señores de seguridad, la médico me medirá la temperatura, los latidos del corazón y mi saturación, y seguro todo estará en orden, porque esa parte de mi cuerpo aun no me abandona … caminaré y subiré las escaleras y me dirigiré a mi escritorio y entonces volveré a confirmar que la vida ya no es lo que era antes … y es que el vacío que se ve y se siente es realmente desolador … escritorios vacíos, PCs prendidas pero manejadas de forma remota, y tristeza, mucha tristeza.

Si, la vida ya no es lo que era antes, y ya no sé si a causa de esta pandemia, por esta depresión con la que me bato a duelo todos los días o, como se me antoja parafrasear al buen Gabo, porque simplemente las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra.