sábado, 25 de agosto de 2018

... hora de la muerte




Suena la alarma y la pospongo por diez minutos … son las cinco y cuarenta de la mañana y trato de recuperar algo del sueño que no logro conciliar … ese sueño que se ha ido de mi vida … y es que, aunque cierre los ojos, puedo afirmar cual axioma, que no duermo … como muchas otras cosas que he dejado de hacer desde hace algún tiempo.

Suena la segunda alarma y ya son las cinco y cincuenta de la mañana … me levanto y me siento … necesito un par de minutos para tomar algo de conciencia de que ha empezado un nuevo día … uno de esos que no se parecen en nada de los que alguna vez tuve … necesito un par de minutos para elevar una oración, aunque haya perdido la fe … un par de minutos para derramar algunas lagrimas … las primeras del día, porque no serán las únicas … estas se repetirán bajo la ducha … mientras arreglo mi mochila … o cuando tomo la calle para empezar estos días en medio de este invierno que antes amaba, pero que ahora solo me llena de tristeza.

Subo al taxi y pongo el waze … discuto la ruta con el conductor de turno y empezamos el viaje … el mismo de todos los días … escuchando música, observando por el vidrio de la ventana como la vida sigue discurriendo, como si nada hubiera pasado … y yo gritando en silencio que todo está pasando … y sigue pasando, pero nadie me escucha … y es que las personas permanentemente tristes son un fastidio …

En estos tiempos de redes, en la que algunos amigos retornados de su propia historia triste, tratan de recuperarme con mensajes de esperanza  y fuerza, yo no puedo creer … quisiera, pero no puedo … simplemente no puedo.

Cuando el taxi toma Guardia Chalaca para doblar por Chincha y finalmente tomar Saenz Peña, llego a la puerta de la oficina … pago, doy las gracias y me despido … bajo, saludo a los de seguridad y me dirijo al marcador para poner mi dedo indice en el lector biométrico … veo el check verde de todas las mañanas que me indica que la jornada ha empezado … vuelvo al celular para ponerle las cinco estrellas al conductor del Beat y voy recorriendo la cochera … veo todos esos autos que no son míos y vuelvo a derramar algunas lágrimas, no por los autos, sino porque me recuerdan otro sueño que tuve, y que nunca pude realizar.

Tomo la escalera y finalmente llego a mi escritorio … hola a todos y enciendo mi PC … antes esa llegada tenía algo de alegría, hoy ya no más.

Ordeno mi trabajo del día anterior y preparo lo que trabajaré en el día … y el día discurrirá como siempre, pero diferente … de tanto en tanto seré asaltado por la tristeza y no evitaré seguir derramando algunas lágrimas más … algunas simplemente harán un surco sobre mis mejillas y esas serán las más benevolentes … otras simplemente me arrancarán de mi escritorio y me harán buscar un lugar donde esconderme, porque harán temblar mi cuerpo, y entonces la desesperación y la impotencia me harán gritar en silencio.

Cuando finalmente den las cinco de la tarde, un buen amigo me jalará en su auto parte de mi ruta de retorno … otro tramo la haré caminando, acompañado de mi música y de nuevas lágrimas, y el tramo final lo haré sentado en un bus azul y grande … y la gente seguirá rodeándome  en medio de mi soledad … y trataré de ocultar otras tantas lágrimas.

Mi terapeuta me dice que es por el duelo, por la pérdida … pero sobre todo por mis malas y precipitadas decisiones …

… y si, el duelo tiene sentido … lo que no tiene sentido es lo que he descubierto no hace mucho … una parte de mi ha muerto, pero no de muerte natural … ha muerto por mano propia … por confusión y cobardía … por debilidad … por miedo a las circunstancias que me tocaba enfrentar …

… entonces estas líneas, que me han sentado frente a mismo y me han permitido volver a escribir, son para declarar esa muerte, como lo hacen los médicos por imperio de la ley …

… a pesar de que ha pasado un buen tiempo, tengo que hacerlo …

… ya lo se … fue un viernes … por la tarde, cuando el día terminaba de caer, pero no recuerdo la hora exacta … aun así tengo que hacerlo, para poder seguir mi camino, ese que no se a ciencia cierta a donde me conducirá … pero si no lo hago no podré seguir … entonces lo haré …

… hora de la muerte: dieciocho treinta …



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