Estaba en la víspera de su cumpleaños número setentidos, y había logrado muchas cosas en la vida … pero nunca había logrado ser feliz.
A pesar de las dificultades, logró hacerse de una profesión, sacar adelante a su familia, lograr el aprecio y respeto de unas cuantas personas … y lograr tener unos contadísimos amigos.
Mientras veía el ocaso del sol y respiraba esa brisa marina que tanto amaba, pensaba que había sido un cobarde … que nunca se atrevió … que a pesar de los consejos, de las palabras en un sentido u otro, o de las infinitas señales, él nunca se atrevió.
Miraba en retrospectiva, y no podía sacarse de la cabeza los sucesos de hace veinte años … cuando en más de una ocasión se armó de valor para coger sus maletas, irse, y empezar de nuevo … para ser feliz.
Pero no terminó de atreverse.
Simplemente hizo “lo correcto”.
Siempre, y desde muy pequeño, su padre le enseñó a hacer “lo correcto” ... y en algún momento maldijo esa lección aprendida.
Entonces, nunca empacó nada … y sus maletas se quedaron allí, vacías … como se sentía él en ese momento …
… esas mismas maletas que después se llenaron en innumerables ocasiones … porque viajaron con él, siendo testigo de como sonreía para las cámaras … porque sonrió, también en innumerables ocasiones … porque los viajes familiares continuaron sucediendo en el tiempo … y las fotos también, inmortalizándose en las redes … donde él sonreía, al lado de los suyos … sin poder ser feliz.
Raúl había logrado muchas cosas en la vida … finalmente pudo salir de los suburbios, y también aprendió a manejar ese coche que sus hijos le habían regalado … y que ya no le parecía tan útil.
Todas las tardes salía de su departamento y caminaba por el malecón, disfrutando la brisa marina … esperando el ocaso.
Pero esa tarde era especial.
No solo era la víspera de su cumpleaños número setentidos … sino que se cumplían veinte años de aquella tarde en la que se prometió ser feliz … y no se atrevió.
Se cumplían veinte años de aquella vez que se dijo para sí – voy a cumplir cincuentidos … ¿y cuando voy a ser feliz? … es ahora o nunca Raúl … solo me quedan veinte años … después todo será vejez.
Y ya se habían consumido esos veinte años … y nunca se atrevió … y él sabía que a pesar de los triunfos que le robó a la vida, de sus bellos hijos, de su fiel esposa, de las mil sonrisas para las cámaras … él sabía que no era feliz.
Entonces, más que nunca … parado en el malecón frente al mar, Raúl supo con absoluta certeza que nunca había dejado de amarla … que no lo haría nunca … que nunca se perdonaría el no haber llenado esas maletas para empezar de nuevo … para poder ser feliz … a su lado …
Parado en el malecón frente al mar, Raúl cayó en cuenta ... que había perdido el juego.
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