miércoles, 29 de agosto de 2018

MUJER NOCHE ... una pequeña historia que soñó con ser novela ...



La Decisión

¡ Dile que no !!!!, le advirtió Alicia a Raúl, mientras ella se alejaba de la oficina de la jefa, cruzándose ambos en el camino.

Raúl quedó intrigado con la advertencia, pero ya estaba en camino de conversar con Malvina, y tendría que enfrentar su llamado sin saber nada, salvo aquella imperativa advertencia de Alicia.

Decirle que no, ¿pero a qué?, masculló intrigado Raúl.

Cuando salió de la oficina, y ya había aceptado la oferta de Malvina, Raúl aún se encontraba aturdido por la decisión que se había visto obligado a tomar en cuestión de minutos.

Aceptó su cambio solo por el turno que le ofrecían: la noche.

- ¿ qué le respondiste ??? ¿ me imagino que le respondiste que no ??? ¿no le habrás respondido que si ??? ¡ Es una bruja !!! .... ayer nos maltrató con su perorata de que no nos esforzamos lo suficiente, y resulta que ahora nos necesita ...

- Acepté ir porque me agrada la idea de trabajar de noche, no por otra cosa ... dijo Raúl mirando a Alicia de mala gana.

El reproche en la mirada de Alicia hizo sentir mal a Raúl, pero rápidamente disipó esa sensación porque su rutina estaba a punto de sufrir un giro inesperado ... y ese giro no le desagradaba, a pesar del conocido temor que siempre aparecía cuando tenía que enfrentar una decisión que significaba un gran cambio.

Y es que él era un convencido de que las personas eran prisioneras de las decisiones que tomaban, y él, finalmente, terminó siendo prisionero de aquella decisión.

*****

Las noches siempre tuvieron para Raúl un encanto especial, sobre todo las de invierno … el aire húmedo y la garúa limeña siempre alimentaron su alma, permitiéndole soñar y escribir, que es lo que lo había mantenido vivo desde siempre … por eso, y solo por eso, aceptó irse a trabajar de noche, sin saber que a su amor por la noche estaba por sumársele otro gran amor: la luz de la luna.


Luz Luna

Cuando la estadía de Raúl en aquel viejo edificio empezaba a hacerse rutinaria, una delgada ráfaga de alegría se cruzó en su camino.

Luz Luna fue probablemente el sueño más hermoso que le tocó vivir.

Gracias a ella logró conocer el más puro e intenso amor: el amor platónico, aquel que a pesar de ser tan cercano siempre se torna inalcanzable.

Ya eran pasadas las seis de la tarde cuando ella pasó cerca de él y le sonrió por vez primera … faldón hasta los tobillos, cabellos castaños, ojos vivaces y la sonrisa mas coqueta que vez alguna le había obsequiado una desconocida.

Ella era delgada, muy delgada … era muy fácil apreciar las delicadas formas de su cuerpo, porque todo estaba claramente marcado … su  alargado cuello, sus redondos y firmes pechos, su vientre plano, su estrecha cintura y sus escasas caderas … sus largas piernas y sus huesudas rodillas.

No importaba como se vistiese, nunca se le iba a ver mal, pero Raúl siempre tuvo predilección por sus camisetas ceñidas y su corduroy a la cadera.

- ¿Cómo olvidar aquella sonrisa que fue el inicio de mi mas inalcanzable sueño?, pensaría Raúl años mas tarde, sentado frente  su PC, mirando a la nada.

Tuvo la suerte -o el infortunio- de conocerla sin prejuicios … no sabía nada de ella y pudo empezar de cero … pasó de la admiración al embeleso, como lo hace un niño con el verdadero primer amor, aquel que se siente capaz de todo y que casi nunca concreta nada, y que finalmente queda anidado en el corazón del hombre como el más dulce recuerdo.

Fueron muchas veces que la tuvo cerca … en caminatas nocturnas, cuando ella estacionaba su auto pasada la medianoche para fumar un cigarrillo … o en su dormitorio, a donde llegó de la forma más inocente.

Y, sin embargo, nunca ocurrió nada … serio.

- ¿a veces me pregunto si eres gay? le dijo ella alguna vez, a manera de reproche, porque él no la beso la primera vez que ella se recostó sobre el asiento del auto, y él se quedó contemplándola, mientras ella le gritaba con los ojos que la besase.


Besos traviesos

Sentado frente a su PC, mirando a la nada, eran muchos los recuerdos que se le venían a la mente a Raúl, y él sentía como todos lo atormentaban … porque él quería que esos momentos regresen, que se repitan.

Eran muchas las imágenes que de ella atesoraba, y más que nunca lo abordaban sin previo aviso … Siempre que caía el sol y tenía que abandonar el viejo edificio, él sentía que se la encontraba en todas partes … los pasillos, las escaleras, el ascensor … siempre miraba con nostalgia la cochera, con la absurda esperanza de ver su automático plata estacionado “donde siempre” … Sentado en su escritorio soñaba despierto que se abría la puerta y la veía entrar … que le regalaba esa sonrisa que tanto extrañaba … y que caminaba hacia él, con ese andar que se quedó clavado en sus recuerdos.

Sin embargo, lo que mas añoraba eran sus traviesos besos.

Ella lo llegó a conocer muy bien … en realidad no era muy difícil conocer a Raúl … y es que era un tipo que no buscaba ocultar nada … por mas que lo perjudicara, por mas que dañara su ya bastante mellada imagen personal.

En algún momento del camino que ambos recorrieron, ella se dio cuenta que él no iba a cruzar la línea … entonces una tarde, ella se acercó a su escritorio y con toda la naturalidad del mundo lo besó … pero esta vez no fue en la mejilla … lo besó suavemente en los labios y le dijo ¡ hola !!!.

… él nunca supo si fue de manera casual … tampoco le preocupó averiguarlo … fue un beso rápido y probablemente imperceptible para el resto … casi un rozar de labios … sin embargo, para él fue dar un paso diferente en ese andar con ella … a partir de esa tarde esos besos nunca se fueron … solo se trasladaron de la tarde a la medianoche, que era mas o menos la hora en que él bajaba del auto de ella para dejarla ir y poder seguir él su rumbo ... tan opuesto al de ella.

Él se  hizo adicto a ese momento de la noche.

Cuando Raúl la recordaba, sabía que en aquellos días él esperaba con ansias ese momento de la noche … por eso, cuando de manera abrupta una decisión de los jefes los separó, sin posibilidad de verla, él lloró … lloró desconsoladamente como un niño ... lloró de impotencia ... lloró porque sabía que no iba a verla como estaba acostumbrado a hacerlo ... lloró porque sabía que ya no iba disfrutar mas de esos besos ... lloró de rabia y maldiciendo a quienes le quitaron sus besos ... y mientras lloraba sobre el regazo de su esposa, esta acariciaba su cabeza consolándolo … por supuesto, sin saber la verdadera causa de su llanto.


El último beso

Luz Luna también lo extrañaba … y también sabía que él la extrañaba a ella … a ella y a sus besos … por eso es que ambos sabían que tenían que darse un último beso ... uno último …

… seis de la tarde y el sol ardía en el horizonte mientras caía sobre el mar … él se había quedado a esperarla, pero sin decirle nada … y ella que siempre iba a buscarlo, esta vez si lo encontró … caminaron hacia la oficina de ella, pero no llegaron a su destino … se quedaron en un descanso … se sentaron y charlaron .. les dio las ocho de la noche y él ya tenía que marcharse … aunque era difícil … no quería hacerlo … habían jugueteado con sus manos a riesgo de que los vean, pero ya no les importaba … realmente no les importaba.

Él se paró, se despidió, besos en las mejillas y caminó hacia las escaleras … de repente, para sus adentros dijo ¡ No !!! … volteó y la llamó … la miró y fue muy explícito con su mirada, y ella vió su súplica … porque inmediatamente se acercó a él, y lo besó … él le sonrió … ella le devolvió el gesto con esa dulce sonrisa que tan bien sabía esbozar … y se dijeron ¡ chau !!! …

… fue el último … y es que ella ya preparaba su huida … una más en su vida …


¡ Ouch !

En todos aquellos meses que compartieron la noche, Raúl y Luz Luna vivieron muchas cosas … charlaron y rieron mucho, discutieron un tanto y compartieron algunos secretos … fue un tiempo bello, así lo recordaba él, así quería recordarlo … aunque tanta belleza no podía durar para siempre, ni ser completamente cierta … por eso terminó de la forma que tenía que terminar.

La verdad era que ella llegó a su mundo huyendo del suyo … y Raúl lo supo solo al final y de golpe ... como un disparo que no se ve venir …

El sol ya se había ocultado y ese día él no la esperaba, por lo menos no de manera consciente … pero ella llegó … y llegó casi corriendo …

… ni bien llegó se sentó frente a él y lo atropelló con sus palabras, y en la medida que él trataba de entender lo que ella le contaba, al mismo tiempo también trataba de salir del aturdimiento que esas mismas palabras le provocaban …

De repente todo fue cristalino … todo comenzaba a tener sentido … era como el final de esas películas donde todo se aclara en el minuto final ... en cuestión de segundos ...

Ella lo puso al tanto de muchas cosas que le venían ocurriendo … que desde el principio procuró hacérselo saber pero Raúl no quiso darse por enterado … porque él prefería amarla sin errores … porque la amaba demasiado como para mancharla con cosas que “no podían ser ciertas” … prefería mantener la venda y ver las cosas como él quería verlas.

Y es que lo que ella le narraba era una historia nada santa … y a Raúl esa historia terminó por romperle el corazón … haciendo trizas sus sueños …

Al menos eso creía él en ese momento, porque años después, supo que eso no era así.

Sentado frente a su PC, mirando a la nada, Raúl cayó en cuenta que sus sueños y sus ilusiones estaban intactas … su platónico amor estaba mas afiebrado que nunca … y el recuerdo de ella lo perseguía, atormentandolo, como solo un amor imposible por prohibido puede hacerlo …

… y probablemente lo perseguiría hasta el final … hasta que algún día él decidiera terminar la historia … hasta que algún día pudiera pasar la página … hasta que algún día decidiera cerrar el libro de esa historia inconclusa.

Mientras tanto ella viviría muy dentro de él ... aunque ya se hubiera ido.



sábado, 25 de agosto de 2018

... hora de la muerte




Suena la alarma y la pospongo por diez minutos … son las cinco y cuarenta de la mañana y trato de recuperar algo del sueño que no logro conciliar … ese sueño que se ha ido de mi vida … y es que, aunque cierre los ojos, puedo afirmar cual axioma, que no duermo … como muchas otras cosas que he dejado de hacer desde hace algún tiempo.

Suena la segunda alarma y ya son las cinco y cincuenta de la mañana … me levanto y me siento … necesito un par de minutos para tomar algo de conciencia de que ha empezado un nuevo día … uno de esos que no se parecen en nada de los que alguna vez tuve … necesito un par de minutos para elevar una oración, aunque haya perdido la fe … un par de minutos para derramar algunas lagrimas … las primeras del día, porque no serán las únicas … estas se repetirán bajo la ducha … mientras arreglo mi mochila … o cuando tomo la calle para empezar estos días en medio de este invierno que antes amaba, pero que ahora solo me llena de tristeza.

Subo al taxi y pongo el waze … discuto la ruta con el conductor de turno y empezamos el viaje … el mismo de todos los días … escuchando música, observando por el vidrio de la ventana como la vida sigue discurriendo, como si nada hubiera pasado … y yo gritando en silencio que todo está pasando … y sigue pasando, pero nadie me escucha … y es que las personas permanentemente tristes son un fastidio …

En estos tiempos de redes, en la que algunos amigos retornados de su propia historia triste, tratan de recuperarme con mensajes de esperanza  y fuerza, yo no puedo creer … quisiera, pero no puedo … simplemente no puedo.

Cuando el taxi toma Guardia Chalaca para doblar por Chincha y finalmente tomar Saenz Peña, llego a la puerta de la oficina … pago, doy las gracias y me despido … bajo, saludo a los de seguridad y me dirijo al marcador para poner mi dedo indice en el lector biométrico … veo el check verde de todas las mañanas que me indica que la jornada ha empezado … vuelvo al celular para ponerle las cinco estrellas al conductor del Beat y voy recorriendo la cochera … veo todos esos autos que no son míos y vuelvo a derramar algunas lágrimas, no por los autos, sino porque me recuerdan otro sueño que tuve, y que nunca pude realizar.

Tomo la escalera y finalmente llego a mi escritorio … hola a todos y enciendo mi PC … antes esa llegada tenía algo de alegría, hoy ya no más.

Ordeno mi trabajo del día anterior y preparo lo que trabajaré en el día … y el día discurrirá como siempre, pero diferente … de tanto en tanto seré asaltado por la tristeza y no evitaré seguir derramando algunas lágrimas más … algunas simplemente harán un surco sobre mis mejillas y esas serán las más benevolentes … otras simplemente me arrancarán de mi escritorio y me harán buscar un lugar donde esconderme, porque harán temblar mi cuerpo, y entonces la desesperación y la impotencia me harán gritar en silencio.

Cuando finalmente den las cinco de la tarde, un buen amigo me jalará en su auto parte de mi ruta de retorno … otro tramo la haré caminando, acompañado de mi música y de nuevas lágrimas, y el tramo final lo haré sentado en un bus azul y grande … y la gente seguirá rodeándome  en medio de mi soledad … y trataré de ocultar otras tantas lágrimas.

Mi terapeuta me dice que es por el duelo, por la pérdida … pero sobre todo por mis malas y precipitadas decisiones …

… y si, el duelo tiene sentido … lo que no tiene sentido es lo que he descubierto no hace mucho … una parte de mi ha muerto, pero no de muerte natural … ha muerto por mano propia … por confusión y cobardía … por debilidad … por miedo a las circunstancias que me tocaba enfrentar …

… entonces estas líneas, que me han sentado frente a mismo y me han permitido volver a escribir, son para declarar esa muerte, como lo hacen los médicos por imperio de la ley …

… a pesar de que ha pasado un buen tiempo, tengo que hacerlo …

… ya lo se … fue un viernes … por la tarde, cuando el día terminaba de caer, pero no recuerdo la hora exacta … aun así tengo que hacerlo, para poder seguir mi camino, ese que no se a ciencia cierta a donde me conducirá … pero si no lo hago no podré seguir … entonces lo haré …

… hora de la muerte: dieciocho treinta …