domingo, 25 de julio de 2010
LOS MARAVILLOSOS AÑOS CUARENTA ... Una pequeña reflexión a raíz del cumple del Churrito
Acabo de colgar el teléfono y las palabras de mi pata el Churrito me retumban en la cabeza:
- Estoy asado, acabo de cumplir cuarentiún años y eso no me gusta nada.
Debo confesar que los cuarenta han sido una mierda.
Creo que Churrito tiene razón al estar asado.
Es más, creo que también debería estar asustado.
Pero, a diferencia de él, yo en realidad no sabía a qué etapa de mi vida estaba entrando.
En estos tiempos, los cuarenta significan la década en que ya no tienes excusa para nada.
En one, si a los cuarenta no te has casado, eres sospechoso –es más, casi culpable- de ser marica.
A los cuarenta tu vida ya debe estar resuelta.
Ya debes estar “hecho y derecho” (¡¡ ¿ y qué carajos significa eso ? !!!).
O sea que a los cuarenta ya debes estar “bien recorridito” -con un respetable kilometraje de juerga, con todo lo que eso implica ¿ustedes me entiende no??? … no se hagan pues-, para que, ya de bajada, comiences a hacer tu vida tranquilo.
A los cuarenta ya debes estar con algunos años de casado, con un par de críos por lo menos -salvo que tu mujer sea una de esas flojas que dicen que con uno es más que suficiente, sin tomar conciencia de que si su madre hubiera pensado como ella pues ni estuviera en este mundo porque ella es la quinta de siete hermanos-.
A los cuarenta ya debes tener carro, depa, y una hipoteca, que de seguro la van a terminar de pagar tus hijos.
A los cuarenta ya debes haber tenido por lo menos una amenaza de divorcio, sino dos, o a lo mejor ya estas divorciado - ¡¡ y la estas haciendo linda !!! - … o estas hecho un despojo, como le ha pasado a mi amigo el pelado, a quien la ropa no se le termina de caer de puro orgullo, porque el hombre, de la pena, está más tela que de verdad ya preocupa.
Ojalá que tenga las fuerzas suficientes para salir de esta.
A los cuarenta ya debes estar desarrollando “el proyecto de tu vida”, cualquiera que sea este (empresa, viaje, hijos, o lo que coños tu hayas destinado a este rubro de tu vida … si, si, esa cochinadita inconfesable que estas pensando también encaja en “proyecto de tu vida”, pero hazlo con cuidado, por favor).
En fin, para algunos los cuarenta son cosa de celebración.
En la chamba he visto como algunas de mis compañeras de trabajo les han celebrado con “gran pompa” los cuarenta a sus espositos.
He podido enterarme como ha habido charros, chifas, rock, en fin, un sinfín de “geniales celebraciones” por la entrada a una época “que merece ser celebrada”.
El problema con los cuarenta es que también aparecen esos “efectos secundarios” que nadie te avisa.
Esa “contraindicación” que no viene en ninguna parte de la gran celebración “por los cuarenta”.
Ocurre que a los cuarenta ya no puedes comer de noche como lo hacías cuando tenías veinte (yo al menos me empujaba lo que mi viejita me preparaba en el momento, y en diez minutos, sentadito en mi cama y viendo la tele … y eran como la una de la mañana … y dormía como un osito en invierno).
Si ahora me como un pan (si … ¡¡ un pan !!!) pues es como si me hubiera comido una vaca entera … y entonces nadie me salva de mi peor pesadilla …
A los cuarenta, todas aquellas “herencias” que te han dejado tus viejos -sin que se hayan muerto-, comienzan a aparecer en tu vida -o a manifestarse peor que obreros de construcción civil-.
Y no son cuentas corrientes en algún banco; tampoco son propiedades, ni joyas, ni un auto … ni siquiera la receta secreta de la abuelita, que por cierto no cocinaba rico.
Lo que ocurre es que de repente te comienza a joder una artritis por allí escondida; resulta que eras asmático y recién te enteras; o eres hipertenso; y que esa depresión que te acompaña desde hace algunos años es toda una tradición familiar; sin contar que vas a ser igual de pelado que tu viejo, o más jodido que él y tu viejita juntos.
En algún momento de la “maravillosa década de los cuarenta” nadie te va a salvar del dedo de un urólogo, salvo que quieras morirte a causa de un tumor más grande que tu gran y cojudo “orgullo de hombre macho”.
Lo cierto es que a los cuarenta no has madurado ni mierda.
Sino fijénse en mi; o parense con absoluta sinceridad frente al espejo de su baño (allí no hay nadie a quien engañar).
Puedes ser todo un profesional o un gran empresario; pero igual todavía quieres salir con tus patas para jugarte una pichanga y después tomarte unos tragos ... y después, lo que venga. Ni hablar de los viernes por la noche despues de la oficina, sobre todo despues de haber cobrado algo.
Y es que como alguna vez dijo la gran Mafalda (que en realidad es hombre … por Quino pues), “a diferencia de la mujeres, que en algún momento dejan las muñecas, los hombres nunca dejan la pelota”.
Sabiduría pura.
El tema es que los hombres nunca dejamos de ser niños.
Y lo cierto es que a los cuarenta experimentas una segunda pubertad.
Al final de esta cuarentona reflexión, yo solo se una cosa … los cuarenta no son gran cosa; es más, a veces quisiera salir corriendo de esta década para llegar de una vez a los cincuenta … y también se que una vez que esté en los cincuenta, me agarraré con uñas y dientes de ellos, porque una vez que llegue a los sesenta ... simplemente ya estaré viejo; sino pregúntenle a Airton, paisano y pataza del Churrito, gilero y pendejo de los buenos, quien cayó en cuenta que ya estaba viejo aquella vez que comenzó a sirear a Hellen -flamante cuarentona que aún conserva algo de su glorioso pasado- y la tía solo le sonreía como quien le sonríe a su abuelito.
Bueno Churrito, mil disculpas, ocurre que el día de tu onomástico estaba sufriendo una pequeña e imprevista “crisis de los cuarenta” (hubieras visto la cara del médico que vino a atenderme a mi casa ... el hombre me miraba completamente extrañado, sin darme una razón "médica" para mis males de ese día), razón por la cual no pude saludarte; y entonces no se me ocurrió mejor forma de homenajear tu día que escribiendo estas líneas.
¡¡ Feliz Cumple Churrito !!! … y ¡¡ Bienvenido al Club !!!
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