Aquella
mañana abrí los ojos y caí en cuenta que la resaca había pasado a un segundo
plano.
Aquella
mañana, solo me invadía el miedo.
Aquella
mañana no había forma de borrar los recuerdos de la noche anterior; que no eran
la charla amena y las bromas que nos habíamos gastados con los amigos.
Aquella
mañana no había forma de borrar los recuerdos de aquel auto negro que tomé por
taxi.
Aquella
mañana no había forma de borrar los recuerdos de la puerta abriéndose ante mi
sorpresa.
Aquella
mañana no había forma de borrar los recuerdos de esa persona empujándome y
poniendo toda su humanidad encima mío, atrapándome contra el asiento del auto.
Aquella
mañana no había forma de borrar los recuerdos de los insultos, soeces todos
ellos.
Aquella
mañana no había forma de borrar los recuerdos de aquel forcejeo en la
oscuridad.
Aquella
mañana no había forma de olvidar el golpe que recibí del chofer ante mi
resistencia.
Aquella
mañana no había forma de olvidar el miedo que sentí ante todo aquello que me
estaba pasando.
Aquella
mañana caí en cuenta que una nueva clase de miedo se había instalado en mi, uno
que nunca había experimentado.
Aquella
mañana igual tuve que levantarme, darme una ducha, vestirme y seguir con mi
vida.
Ha
pasado mucho tiempo desde aquella mañana, el miedo no se ha ido, y he tenido
que aprender a vivir con él.