lunes, 9 de noviembre de 2009

Flash Back

- No tengo hambre, me dijo Jessy, mientras almorzábamos y me contaba lo mal que estaba Boris, su Siberiano que la había acompañado por once años.

Ver triste a mi amiga me hizo sentir incómodo en ese momento. La verdad es que desde siempre me he visto en una encrucijada de sentimientos cuando he estado frente a una chica que se pone triste. Ahora, si se pone a llorar, allí si que la cosa se pone fea, porque en situaciones como esa he perdido mas de un pañuelo, lo que después -ya casado- no he sabido explicar en casa … sin balbucear.

Pero algo he aprendido en la vida -tan bruto tampoco soy-; entonces, en esta ocasión opté por llevar la conversación por el lado menos dramático. Y con mi mejor falsa sonrisa le dije -aunque completamente convencido de que esto era cierto-:

- ¿Sabes amiga??, yo puedo estar mal, muy mal, hasta enfermo, pero no recuerdo haber perdido el apetito nunca, le repliqué a mi rubia amiga, quien sonrió casi a fuerzas, con una mirada que oscilaba entre la incredulidad y el asombro.

Dicho esto, mis recuerdos me jugaron una mala pasada. Estos me retrotrayeron por lo menos 22 años atrás ... y recordé.

Era falso lo que había afirmado. Nunca era demasiado.

Por lo menos en una ocasión perdí el apetito ... y completamente.

Aquel recuerdo me invadió como un relámpago, y pude sentir, casi con la misma intensidad de aquella vez, la desesperación vivida.

Cual flash back me ví nuevamente encerrado en mi habitación, dando mil vueltas por la misma sin parar de llorar. Ví a mi madre entrando a aquella habitación con un plato de comida que yo rechazaba a gritos. Recuerdo claramente su expresión de impotencia frente a ese acuoso e inapetente ser que era yo en esos días.

El recuerdo venía acompañado de escalofríos que traté de disimular de la mejor forma posible.

Isabel fue mi enamorada de barrio desde que ingresé a la universidad hasta que salí de ella, lo cual arruinó mis posibles amoríos universitarios; y en aquella época ella frisaba los veinte años. Entonces, como ya era adulta, podía tomar sus propias decisiones, y decidió que quería viajar a Amazonas a conocer a aquel padre que la entregó a una tía cuando ella tenía tres años.

A despecho de mis veintitrés años de entonces, vividos en un radio de acción no muy lejano a mi hogar -a causa del ancla materna-, ese viaje era muy aventurero para mi, a pesar de lo cual fue poco lo que pude hacer para disuadirla de la decisión que había tomado.

Es que cuando una mujer esta determinada a hacer algo -o a dejar de hacerlo- no hay fuerza de la naturaleza que pueda detenerla. Así que nos fuimos a comprar los boletos.

Ubiquémonos. Era el año de 1988. El país era un desastre en toda su extensión. Y en todos sus servicios.

Si mal no recuerdo elegimos una empresa que se llamaba Chinchaysuyo, y yo estaba haciendo prácticas en la 22º Fiscalía Provincial de Lima.

Entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. El diablo metió la cola, convocaron a un concurso en la fiscalía, me aconsejaron que postulara, yo le dije a ella que no podía viajar, ella no se inmutó … y se fue; acompañada de su hermano –un par de años menor que ella-, que se ganó con mi boleto de viaje.

Los embarqué una noche de aquellos días y recibí un telegrama al día siguiente que decía: “llegamos a Chiclayo, estamos bien, en la tarde salimos para Chachapoyas”.

Sí. Telegrama. Nada de celulares ni internet. En esos días el correo era de verdad, con hojas y sobres de papel, cartero de carne y hueso incluido.

Pero después de ese telegrama todo fue silencio; pasó un día, pasaron dos, y nada de noticias de ellos. Pasé de la preocupación a la angustia; pensaba en todas las cosas malas que le podían pasar a dos chiquillos solos que se habían embarcado en una aventura y hacia un lugar que ellos realmente no conocían. Entonces siguieron pasando los días y la incertidumbre desbocó a la desesperación.

Fue entonces que me encerré en mi habitación, y solo hacía tres cosas: daba vueltas, golpeaba las paredes … y lloraba.

Honestamente no recuerdo si pasé un día, dos o tres, encerrado en esa habitación. Es probable que solo haya sido uno. Pero en todo caso, fue un día de los que difícilmente puedes olvidarte. Completamente arrepentido de no haber viajado, la culpa y el miedo no dejaban de atormentarme.

Finalmente llegó una carta –con siete días de retraso- que contaba que habían llegado a su destino y que estaban felices de haberse reencontrado con su padre. Una mezcla de alivio y vergüenza me invadieron; opté por aferrarme al alivio.

Un mes después, a su retorno- ella me contó la aventura completa. La ansiedad y la alegría le habían hecho olvidarse de comunicarse conmigo. Su hermano tuvo que hacer un viaje a pie de tres días de ida y tres de vuelta hacia un pueblo llamado Tingo –no Tingo María- para conseguir copias de sus partidas de nacimiento, que trajeron dentro de una caña hueca. Ah!, y se cruzaron con un mono en plena carretera.

La Isabel que retornó de ese viaje ya no era la misma; tanto así que un año después ella rompió la relación porque se había dado cuenta que yo no era para ella, y que conmigo no iba a llegar a ningún lado; por lo menos a donde ella quería llegar. Así como antes había decidido que quería viajar, con la misma determinación después decidió que ya no quería caminar a mi lado. Así como no pude detener aquel viaje hacia su padre, tampoco pude detenerla en su viaje que la alejaría finalmente de mi vida.

Solo años después comprendería que solo las personas que se atreven a derribar muros para salir y caminar mas allá de su entorno, son capaces de mirar el mundo desde una perspectiva diferente. Ella finalmente se fue del país.

Tal vez este recuerdo es el origen de mi apetito, siempre listo a ser saciado.

Tal vez mi subconsciente sabe que la inapetencia me va a retrotraer a esos días de angustia, y por eso busca que mantenerlo despierto.

Tal vez ese mismo subconsciente me dice que no valió la pena dejar de comer por alguien que no se iba a quedar.

O tal vez, como dice mi madre, simplemente siempre he sido un glotón.

Lo cierto es que difícilmente pierdo el apetito; pero también es cierto que no siempre fue así.

Ah, me olvidaba; Boris finalmente murió, y no se si Jessy se ha recuperado de esa pérdida.

Aunque después de una pérdida es cierto que uno vuelve a sonreír, también es cierto que uno nunca sabe cuándo un recuerdo triste lo va a tomar por sorpresa.

Creo que me voy a comer algo ... esta historia se lo merece.

sábado, 5 de septiembre de 2009

El Menor

Aún no me había recuperado de que el papá de Mónica me haya arruinado la fiesta de promoción no dándole permiso para que sea mi pareja, cuando mi viejo me dijo -ya en la fiesta- “parate allí para tomarte una foto”.

Alli
era en medio del salón de baile, que ya estaba lleno en todos sus alrededores, y estaba lleno de gente que eran mis patas de promo, algunos solos, otros solo con sus parejas, y otros tantos -como yo- acompañado de una tropa familiar.

Fue un momento muy bochornoso, porque finalmente me paré allí, tomado del brazo de mi pareja sustituta, que era la hermana de una ex enamorada -esa es una de las maldades que en algún momento de mi vida tendré que pagar, porque mi ex si que me odió por eso- para que me tomen la dichosa foto; foto que aun guardo y que me hace sentir -cada vez que la veo- de los mas ridículo.

No guardo bonitos recuerdos de esa fiesta. No fui con quien quería ir. Fui con alguien que no me provocaba nada -eso es mas o menos como ir con tu hermana, aunque creo que esto ultimo es peor, con el perdón de mis hermanas-.

La chica de mi promo que me gustaba se esforzó por ignorarme completamente durante toda la fiesta (también guardo una foto que da fe de esto). Y, finalmente, fui acompañado por un batallón, que ni siquiera yo comandaba.

A ver, contemos: mis viejos, mis hermanos -que eran cuatro en ese momento-, los viejos de mi pareja, su hermana -¡¡¡ que era mi ex !!!- y, bueno, mi pareja, la gran Bivi, si con B, -que aunque no era la Rivasplata, ni nada parecido, era chévere, pero nada mas; no estaba en mis planes iniciales; aunque en mi defensa creo recordar que le expliqué claramente la situación (¡¡¡ sabes, me plantó mi pareja ¿¿quieres ser mi pareja??? !!! ¡¡¡ que bestia fui !!).

Espero que si ella llega a leer esto algún día me sepa entender, y sobre todo perdonar ... aunque yo tampoco sea Roberto Martínez ni Omar Macchi (¿así se escribe???).

¡¡¡ ¿ Nueve personas aparte de Bivi ??? !!!! ¿ que era eso ??? ¿ una corte ??? ¿ y yo quién era ??? ¿ el Príncipe Plantado ???

Lo peor de todo es que no recuerdo haber bailado con ella una sola pieza, y si lo hice, fue tan "relevante" en mi vida que lo olvidé a los pocos segundos; es mas, ni siquiera recuerdo quien la acompañó el resto de la fiesta -debe haber sido mi hermano-, menos me acuerdo haberme despedido de ella.

Mirando en retrospectiva, me reafirmo en que me porté como una bestia con ella … solo espero que a ella, todo esto, le haya sido tan indiferente, como para importarle un bledo, solo así me sentiré mejor.

Bueno, ahora sé que solo hay un recuerdo que vale la pena rescatar de esa fiesta. Aquella noche me enteré de que iba a tener otro hermano … ¡¡¡ y ya éramos cinco !!!.

Mi viejita creo que tenía 41 años cuando se aventuró a tener su sexto hijo, claro que hasta ahora sigue pagando la cuenta (y no me refiero solo al dinero).

Si mal no recuerdo, yo tenía 17 años cuando este nuevo hermanito llegó a nuestro mundo; y lo ví crecer hasta los 14 mas o menos. Ocurre que me casé y me fuí; así de simple; la ley de la vida le dicen.

De allí le perdí el rastro, si bien lo veía cada vez que visitaba mi casa, ya no estaba al tanto de él. Mis propias obligaciones me fueron absorviendo y envolviendo en mi nuevo mundo.

Ahora lo veo, y es como un extraño. Es mi hermano, siento que lo quiero, es mi sangre, pero no se parece para nada al chiquillo de 14 años que yo dejé cuando me fui de casa. Ya es un hombre -bordea los 27-, y ese eslabón de tiempo que yo mismo construí con mi indiferencia ahora me pasa la factura; me cuesta comunicarme con él.

La relación con mis otros cuatro hermanos es mas simple, mas cercana, crecí con ellos; algunos me llevaron al colegio y yo llevé a otros; ahora estamos mas viejos, pero seguimos siendo los mismos, pero con el menor es diferente, al menos para mí, porque yo si me fui de casa y ya no conviví con él, ni con su logros, ni con sus caídas. Y no sé porque extraña razón eso me hace sentir mal.

Se que se está esforzando por salir adelante, se que muchas veces es incomprendido -él también tiene que pagar, aunque sin culpa alguna, la brecha generacional que lo separa del resto- y también se, que de una forma u otra, va a lograr sus objetivos. Es uno de los nuestros.

No sé si alguna vez logre hablar su idioma, no se si alguna vez logre establecer una comunicación real y constante -ahora tengo un hijo que tiene la edad que él tenía cuando “lo dejé”, no se que me va a deparar el destino respecto de él.

Lo único que sé es que todos esos recuerdos de su niñez, cuando seguro alguna vez lo he cuidado de bebé, cuando lo llevaba y lo recogía del Santísima Trinidad, cuando lo veía imitar a los Transformers, cuando se creía el Hombre Araña; quisiera que tengan una continuidad.

No sé si alguna vez me recupere de lo que me hizo el papá de Mónica. No se si el llanto de ella al momento de decirme que no iba a acompañarme se proyectó a la noche misma de la fiesta. A ella también le perdí el rastro hace muchos años, y de mala forma.

Pero si se que espero, que alguna vez mi camino y el de mi hermano se reencuentren, pero de forma natural, que es la única forma que me garantizará que será una relación sostenible.

Solo el paso de más años puede hacer eso. Ahora que es un adulto y tiene que vivir su propia vida, solo su adultez madura lo puede traer de regreso ... o tal vez no.

martes, 16 de junio de 2009

Yo Machista ??? No, simplemente Hombre

Eran más de las cinco y media de la mañana cuando mi vejiga me despertó (ella es mas efectiva que cualquier despertador de última generación) ... levante mi somnolienta mirada y vi a traves de la ventana sin cortina que la luz del baño estaba encendida ... por inercia giré hacia mi izquierda y ví que mi esposa no estaba a mi lado ... ¿qué raro ??? ella casi nunca se levanta en la madrugada ... entonces cuando escuché las arcadas caí en cuenta que estaba mal, y esa era la razón de que esté a esa hora en el baño ... me levanté y casi por cortesía le pregunté ¿te ocurre algo ??? y ella me miró con su cara toda desencajada y me respondió que si, que se sentía muy mal ... entonces yo giré sobre mis talones y regresé a mi cama -ya se le pasará- pensé.

Despues de un rato ella regresó al dormitorio y me reconfirmó que se sentía mal ... yo me paré de la cama, y fui a calmar los reclamos casi amazónicos de mi vejiga, luego regresé y la abrazé -como si mis brazos fueran a curarla- y le dije procura dormir

Minutos antes de las seis, mi celular me volvió a despertar y caí en cuenta de que ella no se iba a levantar, y que por lo tanto lo tenía que hacer yo ... tenía que envíar a los chicos al cole ... así que me aproveché de las circunstancias y entré a los dos dormitorios con el mismo discurso "su mamá esta mal, asi que levántense tranquilos y cambiense para que se vayan al colegio" ... despues, en retrospectiva, me di cuenta que esa frase sonó como una comunicación en artículo mortis ... pero, ¡ resultó !!! ... los chicos se levantaron tranquilitos, se cambiaron, desayunaron y a las seis y treinta ya estaban dentro de la movilidad rumbo a su cole ... un problema menos, me dije para mis adentros "ya no tengo que pensar en ellos hasta las dos de la tarde".

Regresé al dormitorio y mi esposa ya no era mi esposa ... era un ovillo humano que se retorcía de dolor ... me metí a la cama y la volvía a abrazar ... de verdad esperaba que con eso se le pasara el dolor ... pero fuen en vano. En ese momento comprobé -para mi decepción- que mis brazos no poseían poder curativo alguno ... eran como las seis y cuarenta cuando decidí enviarle un mensaje de texto a mi jefa diciendole que no iba a la chamba ... eso ya estaba claro como el alba ...

Un intento mas ... la volví a abrazar y le volví a decir procura dormir ... resultó, pero solo por unos cuantos minutos, porque como a las siete de la mañana ya estaba parando un taxi para llevarla a la clínica ...

Ingresamos, la registré, y ella pasó a Emergencia ayudada por un enfermero ... Cuando ya pude ingresar a verla pregunté dónde se encontraba, y me respondieron Tópico Número Cuatro ... entre y le estaban haciendo las preguntas de rigor ... el enfermero se retiró y dijo ya viene el médico ...

A los pocos minutos entra una señora, y nuevamente con las preguntas ... que ¿dónde te duele? ... que ¿desde cuándo? ... que ¿qué comiste?

Mientras tanto anotaba cosas en un papel que sostenía en una de esas tablas que usan los médicos, salió murmurando algo, y luego regresó el enfermero para aplicar todo lo que había prescrito la señora ...

Cuando ya empezaba e impacientarme por la demora del médico caí en cuenta que la señora que había entrado y luego salido era el médico ... Entonces me sentí como Charlton Heston en el Planeta de los Simios ... me di cuenta que todo estaba al revés ... Medico ¿mujer? y enfermero ¿hombre? ... cuándo ocurrió ??? en qué momento se movió el eje de la tierra ??? acaso es producto del calentamiento global ??? o, parafraseando a Vargas Llosa, ¿en qué momento se jodió el hombre ??? ... ¿cómo fue que no pudimos darnos cuenta que las mismas chicas que queriamos enamorar en la universidad despues nos quitarían la chamba ??? y lo peor de todo ... ¿ahora tenemos que luchar casi despiadadamente con una chica por un puesto de trabajo y al mismo tiempo tenemos que ser unos caballeros con ella??? ¿ es acaso eso justo??? ¿qué tiene de justo eso ??? ¿qué tiene de justo que nos exijan no ser anticuados para algunas cosas, pero para otras si debemos quedarnos anclados en el medioevo ??? ¿o de dónde creen que viene el témino caballero ??? ... porque yo no veo a mis amigos usar armadura ni montar caballos ...

Bueno, ya no quiero hacer mas higado, porque aun me queda por contarles -para cerrar redondamente esta historia- que a mi esposa le dieron de alta a las dos horas con la indicación de la dieta y el reposo, así que me pasé el resto del día cocinando, lavando ropa (¡¡¡ amo a mi lavadora !!!) y ocupándome de los chicos.

¡¡ May !!!

lunes, 16 de marzo de 2009

¡ Y se hizo la Luz !!! a ritmo de Rock de los 80'

El último sábado fuí -a mis 44- a esa fiesta que nunca disfruté en mi juventud ochentera. Mi esposa considera que es una exgeración esta afirmación, pero la verdad es que si, me divertí de lo lindo ... bailé, canté, grité, y hasta vociferé en ese inglés que no sé ... ¡¡¡ como nunca !!!.
Eduardo, mi amigo, que cumplía 45, se volvió loco -palabras textuales de su esposa- y armó su tono ochentero ... Toldeó su azotea, hizo poner sus luces de colores -cortadora incluída-, y contrató una banda para que toquen su amado Rock de los 80. Salí a las 4 de la mañana, exhausto y felíz. Mi esposa me comentaba desconcertada "¡¡ te sabías todas las letras !!!", y si pues, recien caigo en cuenta de cuan amante de esa época dorada soy.

Pero como no todos pueden ser felíces en este mundo, por lo menos no todos al mismo tiempo, yo veía a mi grupo de amigos con las caras largas ... los susodichos son full Gurpo 5, y estaban que sufrían como nunca, por mas que en arrebatos de solidaridad yo gritaba entre canción y canción ¡¡ Bareto !!! a ver si los chiquillos se animaban a tocarse ya se ha muerto mi abuelo o muchacho provinciano ... pero nada ... una pena por ellos ...

Bueno, esa fiesta no solo me alegró el fín de semana, sino que me ha devuelto por este blog que tenía olvidado, para poder contarles algo ...y esa es la única razón por la que merece ser publicada esta nota ... hasta siempre ...