sábado, 16 de mayo de 2020

SÍNCOPE ... (... o un pequeño relato con un toque de terror para el escribidor)


Raúl despertó y la sensación de náuseas fue brutal ... en realidad, eso fue lo que lo despertó ... lentamente se sentó sobre el borde de la cama y trató de respirar profundamente varias veces para tratar de ahuyentar esa desagradable sensación, pero las náuseas nunca se fueron ... se incorporó y caminó hacia el baño, pero aún estaba grogui, definitivamente no estaba despierto, mucho menos lúcido ... todos sus movimientos eran instintivos, guiados por las náuseas ... y así fue como, camino al baño, cogió la pequeña silla azúl que siempre esta al lado del viejo planchador ... la puso delante del inodoro y se sentó ... se cogió la frente e intentó vomitar, pero no pudo ... lo intento una y otra vez, hasta que de repente todo se torno en oscuridad ...

Cuando Raúl abrió los ojos aún no terminaba de despertar, sintió que estaba echado de costado y no boca abajo con los brazos cruzados sobre la almohada, como es su hábito al dormir, es más, no sintió la almohada ... y es en ese instante, cuando se da cuenta de la ausencia de su pequeña almohada, que también se da cuenta de la dureza de la superficie sobre la que estaba echado ... o, mejor dicho, tirado ...

Cuando Raúl toma un poco de conciencia, se da cuenta que está tirado sobre el piso del baño ... y cuando sus alertas empiezan a funcionar es que siente ese horrible dolor sobre su sien derecha ... se reincorpora como puede y, como puede también, se dirige nuevamente a su cama e intenta seguir su sueño ... se echa boca abajo y cruza sus brazos debajo de su frente ... cuando ya estaba por sumirse nuevamente en la profundidad de su anhelado sueño es que siente que algo no anda bien en su rostro ... nuevamente se reincorpora sobre el borde de su cama y levanta la mirada para ver su reflejo sobre el espejo pegado al closet ...

Cuando Raúl ve su reflejo en el espejo se da cuenta del estrago del golpe seco que se dió sobre el duro y frío piso de la baldosa del baño ... un rostro dañado y algo deforme ... el hematoma y la tumefacción le daban un aspecto grotesco, y en ese mismo instante pensó en su alma y en su karma y se preguntó para sus adentros ¿ cuán grotesca y monstruosa sería su alma en estos días ??? ... sintió miedo, y hasta algo de terror ... entonces prefirió refugiarse en su sueño, esa válvula de escape que siempre usa para tratar de sobrevivir ... y entonces, se durmió ...


viernes, 8 de mayo de 2020

HORRIBLE AMANECER (… un vistazo de un encierro)


Despierto y este brazo derecho me está matando … empiezo a moverlo lentamente y con mucho cuidado … empiezo con los dedos de la mano y luego juego con la muñeca, después me ocupo del codo y del hombro, y entonces pienso en mi karma … todos los días es lo mismo, y no digo todas las mañanas, porque durante este encierro la mayoría de los días han empezado sobre el mediodía y han culminado sobre las tres de la mañana … algunos han terminado un poco más allá … tranquilo, una semana enterita vi el amanecer a través de la ventana, y les puedo asegurar que no fue nada romántico … porque no tiene nada de romántico literalmente caerte de sueño, sentir que tu cuerpo ya no puede mantenerse en pie, y sin embargo tu cerebro se vuelve en tu peor enemigo y te castiga, no permitiéndote dormir … no, eso no tiene nada de romántico …

Podría decir que en medio de esa modorra, el cántico de los pajaritos que se escuchan a lo lejos es un bálsamo, pero no … no lo es …

En esta cuarentena la rutina es más rutinaria que nunca, y no es que me queje de ella, porque yo soy un tipo aburridamente rutinario, es más, amo mi rutina, y no me gusta cuando alguien la interrumpe … así soy.

Entonces, esta cuarentena no me ha costado tanto como si le cuesta a la mayoría … y cuando termine, seguro modificaré mi rutina por una vieja conocida: despertar en contra de mi voluntad, correr en círculo intentando salir hacia el trabajo, con mucha suerte llegar a hora, saludar a lo lejos a mis “amigos” de la oficina, saludo que ellos corresponderán educadamente, e inmediatamente sentarme a leer y escribir, como si estuviera en primer grado de primaria, pero con la diferencia que si no hago bien mi tarea, no tendré una reprimenda de la profe, sino que podría exponerme a una denuncia penal y/o una demanda civil … bemoles de ser adulto …

Mi rutina es básicamente de orden … ordeno todo lo que considero que está desordenado … ya hace un buen tiempo caí en cuenta que esta manía por el orden externo solo se explica por todo el desorden que existe en mi cabeza, y ese si que se me hace muy difícil de ordenar.

Despertar, desayunar, lavar, ordenar, almorzar, a veces leer, a veces salir a comprar, darme un baño… y de allí, refugiarme en Netflix … tomar la pepa y esperar a que llegue el sueño … si llega.



viernes, 1 de mayo de 2020

SÍNDROME DE ESTOCOLMO (… y algo de mi vida antes de mi secuestradora)


Una ventaja de ser del siglo pasado es que antes de toda esta adictiva modernidad ¡ tenías vida !!!


Antes del hotmail ya escribías correos, solo que en papel y con estampillas … antes del VHS también veías películas buenazas, solo que tenías que ir al cine, pero no a estos de hoy en día, donde a veces hay que buscar tu sala con plano, y un poco más con waze; los cines de antes eran enormes y con una sola sala, y algunos a la vez eran teatros … el fútbol no lo jugabas en una consola PS4, solo salías a la calle, pegabas unos gritos frente a las casas de tus amigos y contabas si se podían armas dos equipos, y si tenías suerte, lo que seguía eran buscar un par de buenas piedras para “armar los arcos”, previo calentamiento en una de las puertas de las cocheras o corralones de la cuadra, hasta que salía el o la propietaria y de un grito te avisaba que el calentamiento había terminado … si, la vida existía antes de tanta modernidad.

Y por siaca, también existían los trending topic, pero estos no los encontrabas en Twitter ni necesitaban para existir de un hashtag … Las dueñas y señoras de estas tendencias eran las chismosas del barrio, aunque no voy a negar que, de alguna forma estos también han existido en la vida escolar y universitaria, y hasta en las mesas familiares.

También existen en los trabajos … alguna vez fui tendencia.

Tampoco crean que me he olvidado de Netflix, para nada … solo lo dejé al final, porque es el gran culpable del secuestro y de la relación que he desarrollado con mi secuestradora.

Dicho esto, también diré que antes de Netflix, yo ya me había vuelto adicto de las sesiones maratónicas para ver todo lo posible de la serie elegida para la ocasión … y todo empezó por culpa del amigo secreto.

No han sido muchas, pero si he jugado algunas veces este juego que pocos saben jugar, y confieso que solo lo disfruté la primera vez, porque me entregué en cuerpo y alma al bendito juego … primero, empecé por cogerle cariño a la amiga que el azar me había dado para ese juego … nadie me envidió, la mujer es realmente odiosita y creo que carga con algunas maldades en su haber, pero bueno, ese no era mi rollo, además que conmigo nunca se metió. Yo solo me enfoqué en arrancarle sonrisas con mis regalos diarios, además de sembrar la curiosidad por saber quién era “ese lindo amigo secreto” que le había tocado, y creo que logré mi cometido … empecé con una paquete de galletas Margarita con la respectiva nota que decía “empiezo con flores ¿te parece?”, en medio del juego compre un paquetito de Vizzio con su respectiva notita “me estoy enviciando con esto de regalarte dulces, y cerré con un chocolate que se llama Privilegio y la nota ya se la imaginarán, “fue un privilegio ser tu amigo”; cuando ella finalmente descubrió a su amigo secreto, su rostro fue de una sorpresa tal, que yo me dí por satisfecho, la audiencia también se sorprendió, porque por dulce no necesariamente me conocen, pero yo me había propuesto jugar bien y lo hice, además que me gané como amiga a una potencial enemiga que nunca se atrevió a meterse con este servidor. Misión cumplida … ¿ o misión imposible ???

De allí en adelante el juego fue perdiendo gracia para mi, hasta el punto que, en alguna oportunidad propuse que mejor juguemos al Enemigo Público … la verdad que me parecía más honesto … claro que los practicantes, que son los que empujan este juego año tras año, además de mirarme feo, nunca acogieron mi propuesta.

Era 2012, creo, cuando por última vez jugué el susodicho juego, y para esta época, ya te pedían que sugieras qué querías que te regalen (¡ juaaat !!! … no se supone que esa es la chamba de tu amigo secreto ???) … bueno, como nunca supe elegir un regalo me pasé varios días pensando (cuando quien tenía que estar haciéndolo era mi amigo secreto) qué quería que me regalen, hasta que una mañana conversando sobre series, alguien nombró a The Good Wife y dije ¡ Eureka !!!, ya está !quiero que me regalen algunas temporadas de esa serie … me regalaron tres temporadas … y esa fue mi perdición.

Volví tantas veces fue necesario a Polvos Azules hasta terminar de ver la serie.

Luego volví por Boston Legal, Los años maravillosos, Brother & Sisters y otras tantas … hasta que Netflix llegó a mi vida, y allí si bajé hasta el último círculo del infierno.

Fue con esta plataforma que conocí a Meredith Grey y su banda de secuestradores. Todo empieza con Meredith, Cristina, Izzie, George y Alex, además de Dereck, Burke, Bailey y el Jefe Webber, pero luego llegan más, Addison, Mark, Lexie, Callie, Arizona, y paro de contar, porque sino, no terminaría nunca, a todos ves crecer y madurar … algunos se alejan y otros, simplemente mueren, entonces es que empiezas a derramar una que otra lágrima, que simplemente no puedes contener.

Como muchos, he visto muchas series en Netflix, pero siempre que termino una, siempre vuelvo al primer capítulo de Grey’s Anatomy, y una vez que estoy allí no paro hasta el último capítulo de la última temporada, mientras voy evaluando que otra serie ver. Y es que la serie no me capturó, me secuestró, sus personajes, sus historias, sus mensajes, además de sus dramas, y los covers de algunas de mis mejores canciones no me dejan dejarla … la combinación de todo esto me provoca de las cosas que más me gusta y creo que mejor se hacer … llorar de pura emoción … por eso amo la serie, como en su momento amé a Scarlett O’Hara leyendo hasta en siete ocasiones Lo que el viento se llevó de Margart Mitchell.

Que puedo hacer, no solo sufro de depresión, también puedo ser obsesivo compulsivo, y Grey’s Anatomy es uno de mis tocs, y no me molesta, me gusta.