Raúl alcanzó jadeante la azotea y cayó en cuenta de la negrura de la noche …
... pero, con el corazón palpitando a mil, también cayó en cuenta que esa obscuridad ya no le era ajena … y es que ya hacía mucho que ella se había apoderado de su camino.
Lentamente se acercó al parapeto, y pudo ver como brillaban a lo lejos las luces de la ciudad ... pero no podía escuchar el bullicio, porque seguía conectado a su reproductor de música (ese fiel compañero que solía susurrarle las más tristes canciones).
Y en la medida que las canciones se sucedían una a continuación de otra, a la vez que presionaba fuertemente su abdomen sobre el parapeto, Raúl seguía observando las luces de la ciudad, como buscando una salida ... pacífica ... civilizada ... cuerda … esa que no había logrado encontrar en los últimos meses de su ahora surrealista vida …
… y sí que la había buscado …
… y cuándo la encontró y la señaló, como un pequeño que no sabe cómo pedir lo que quiere ... se la negaron …
... entonces todo se tornó en un laberinto del que no sabía cómo salir ...
... y es que él quería salir en paz, como manda la cordura ... pero era claro que la cordura era algo que ya no era parte de su vida ...
… él no quería forzar una salida ... menos patear una puerta puesta con amor para lograr alcanzar esa salida …
… y mientras seguía con la mirada absorta en aquellas luces que ya no le decían absolutamente nada, las canciones cada vez le sonaban más tristes …
... entonces el dolor finalmente doblegó su alma ... rompiendo en llanto … un llanto desconsolado y desgarrador …
… y cayó de rodillas, alcanzando a maldecir su existencia …
… arrodillado, y con el rostro empapado en lágrimas, levantó la mirada al cielo y preguntó, con un grito ahogado, ¿qué hago??? …
… se puso de pie y nuevamente devolvió su mirada hacia las luces de la ciudad … y aunque sabía allí no la iba a encontrar, nuevamente buscó una salida en ese enjambre de lucesitas amarillas …
… entonces, con el rostro mojado y el alma completamente doblegada, de repente supo que solo le quedaba un camino … aunque no era el que alguna vez había soñado … no ... ese camino no lo conduciría a la ansiada felicidad …
… por primera vez en mucho tiempo, Raúl no tenía dudas sobre lo que tenía que hacer … por primera vez estaba viendo con claridad …
... y vio el camino …
… es entonces que se sujetó con las dos manos al muro de cemento y se impulsó hacia arriba, logrando colocarse de rodillas sobre el parapeto … y lentamente se puso de pie …
… una vez sobre el muro, sintió como el fuerte viento de invierno empujaba su cuerpo hacia atrás, como queriendo regresarlo a la azotea ... como queriendo ponerlo a buen recaudo … pero él sabía que ya no daría un paso hacia atrás …
… y es que le había costado tanto encontrar el camino a seguir, que no estaba dispuesto a perder esa batalla …
... una vez sobre el muro, cayó en cuenta que todo tenía sentido ... que todo lo que había ocurrido no era mas que parte del camino que había tenido que recorrer para llegar a ese muro ...
... una vez sobre el muro todo tenía sentido ... la niñez que le tocó vivir ... su rol de aterrado espectador durante toda la adolescencia y juventud ... las transgresiones rozándole la vida ...
... una vez sobre el muro todo tenía sentido ... esa inacabable melancolía ... esa ya diagnosticada depresión ... esas inexplicables explosiones de llanto ...
... una vez sobre el muro todo tenía sentido ... esa inmanejable disfuncionalidad ... su padre ... su madre ... sus hermanos ... sus amigos ... todos con tendencias fugitivas ...
una vez sobre el muro, simplemente todo tenía sentido ...
… entonces, con el rostro lleno de llanto y el alma doblegada, Raúl bajó la mirada al vacío …
… y saltó.














