domingo, 6 de agosto de 2017

MALETAS VACÍAS



Parado en el malecón frente al mar, Raúl cayó en cuenta que había perdido el juego.

Estaba en la víspera de su cumpleaños número setentidos, y había logrado muchas cosas en la vida … pero nunca había logrado ser feliz.

A pesar de las dificultades, logró hacerse de una profesión, sacar adelante a su familia, lograr el aprecio y respeto de unas cuantas personas … y lograr tener unos contadísimos amigos.

Mientras veía el ocaso del sol y respiraba esa brisa marina que tanto amaba, pensaba que había sido un cobarde … que nunca se atrevió … que a pesar de los consejos, de las palabras en un sentido u otro, o de las infinitas señales, él nunca se atrevió.

Miraba en retrospectiva, y no podía sacarse de la cabeza los sucesos de hace veinte años … cuando en más de una ocasión se armó de valor para coger sus maletas, irse, y empezar de nuevo … para ser feliz.

Pero no terminó de atreverse.

Simplemente hizo “lo correcto”.

Siempre, y desde muy pequeño, su padre le enseñó a hacer “lo correcto” ... y en algún momento maldijo esa lección aprendida.

Entonces, nunca empacó nada … y sus maletas se quedaron allí, vacías … como se sentía él en ese momento …

esas mismas maletas que después se llenaron en innumerables ocasiones … porque viajaron con él, siendo testigo de como sonreía para las cámaras … porque sonrió, también en innumerables ocasiones … porque los viajes familiares continuaron sucediendo en el tiempo … y las fotos también, inmortalizándose en las redes … donde él sonreía, al lado de los suyos … sin poder ser feliz.

Raúl había logrado muchas cosas en la vida … finalmente pudo salir de los suburbios, y también aprendió a manejar ese coche que sus hijos le habían regalado … y que ya no le parecía tan útil.

Todas las tardes salía de su departamento y caminaba por el malecón, disfrutando la brisa marina … esperando el ocaso.

Pero esa tarde era especial.

No solo era la víspera de su cumpleaños número setentidos … sino que se cumplían veinte años de aquella tarde en la que se prometió ser feliz … y no se atrevió.

Se cumplían veinte años de aquella vez que se dijo para sí – voy a cumplir cincuentidos … ¿y cuando voy a ser feliz? … es ahora o nunca Raúl … solo me quedan veinte años … después todo será vejez.

Y ya se habían consumido esos veinte años … y nunca se atrevió … y él sabía que a pesar de los triunfos que le robó a la vida, de sus bellos hijos, de su fiel esposa, de las mil sonrisas para las cámaras … él sabía que no era feliz.

Entonces, más que nunca … parado en el malecón frente al mar, Raúl supo con absoluta certeza que nunca había dejado de amarla … que no lo haría nunca … que nunca se perdonaría el no haber llenado esas maletas para empezar de nuevo … para poder ser feliz … a su lado …

Parado en el malecón frente al mar, Raúl cayó en cuenta ... que había perdido el juego.