¿ Cuán Imbécil puede ser uno en esta vida ???
Y lo peor de todo ... ¡¡ con una persona que solo está amándote !!!
Hace tres noches Elizabeth me preguntaba cuál era nuestra originaria fecha de aniversario.
O sea, aquella fecha en la que se celebra las primeras caricias, el primer beso … en fin, aquella fecha en la que empiezas una relación.
Me imagino que a estas alturas de nuestras vidas, ya todos ustedes sabrán lo peligroso que puede ser responder inadecuadamente una pregunta amorosa a tu partner.
Entonces yo rebuscaba denodadamente en mi memoria ... esforcé al máximo mi avejentado cerebro -avejentado no por el paso del tiempo, sino mas bien, creo yo, por el pésimo uso que le doy-, y me aterraba la idea de no encontrar esa respuesta, que era –valgan verdades- información algo antigua y hasta olvidada, por cierto.
En esa fracción de segundo yo estaba tal vez mas aterrado que mi buen amigo Mario, cuando chocó su auto, y no le molestaba lo que iba a gastar en repararlo, pero si se le erizaba toda la vellocidad de su cuerpo de solo pensar en las recriminaciones de su esposa por haber sido tan bruto como para chocar el auto.
Entonces un rayo de luz -que de seguro vino del cielo- iluminó mi memoria.
Es en esas ocasiones en que mi fe se ve fortalecida y renovada.
Nadie tan incondicional como el de arriba, como para darte una manito en situaciones harto complicadas ... y a cambio de nada.
- nueve de noviembre, le dije, procurando no titubear, aunque el once de noviembre no dejaba de susurrarme su existencia.
Entonces vi iluminarse el rostro de my wife.
Al ver esa sonrisa, mi alma regresó a su sitio y comencé a bromear un poco con ella.
Hasta ese momento no reparaba muy bien en qué día me encontraba deambulando -que es últimamente la forma en que transito por mis días-.
&&&&&&&&&&&&&&&
Ayer regresaba a mi casa sentado de una de estas kombis loncheritas que van por la avenida Colonial -transportándonos de Lima al Callao y viceversa-, y llamé a Elizabeth para preguntarle si pensaba salir por la noche a algún lado ... es que quería capturar su celular para llevarlo a un Centro de Atención Claro (¡¡porque con CLARO todo es posible !!! … incluso que se te malogre un celular casi nuevo …).
- No voy a ir a ningún lado mi amor, me contestó, muy dulcemente.
Entonces le respondí comentándole de mis intenciones para con su celular.
-¡ah!, me dijo con un tono de desencanto, pensé que me ibas a invitar al cine.
Entonces, después de argumentarle que estaba muy cansado y que incluso tenía que leer para mi examen del jueves, traté de dar un paso atrás y le pregunté ¿qué están dando??, respondiéndome no lo sé, lo que pasa es que por un segundo pensé que me ibas a invitar al cine … entonces yo le dije ok, pero en el Cinemark … chequea la página … y ella sentenció no te preocupes, ya será después …
Bueno, llegué a mi casa … efectivamente, no había salido, y el día (o mejor dicho, la noche) terminó de discurrir hasta agotarse …
&&&&&&&&&&&&&&&
Hoy estaba sentado frente a mi escritorio, y mientras contemplaba mi chamba, miré de reojo la fecha en mi PC y me sentí el ser mas imbécil del mundo … estaba deambulando en el día 10 de Noviembre …
Cuando ella me dio la primera pista era 07 de Noviembre …
Cuando ella me dio una última oportunidad era el mismísimo ¡¡ 09 DE NOVIEMBRE !!! …
¿Y yo qué hice??? .. nada pues … simplemente me olvidé … en ese momento me sentí tan ruin imaginándome lo que ella había sentido ante mi desdén, que me dejé caer en medio de toda mi papelería … de verdad me sentí mal …
Y como este Blog últimamente se ha convertido en mi Psiquiatra … entonces me puse a escribir estas líneas … para tratar de aligerar un poco la carga de la conciencia …
¡¡ Felíz aniversario de enamorados mi amor !!! … más un día …
Una más a la cuenta … te la debo …
miércoles, 10 de noviembre de 2010
domingo, 31 de octubre de 2010
Halloween
Muchos títulos han pasado por mi cabeza para este post.
“¿Qué estaré pagando?”, “Otro Viernes de Mierda”, “La Bruja Mala y el Idiota”; sin embargo, finalmente preferí quedarme con el que le puse, pues tiene un poco de todos ellos.
Y es que a pesar de estar escribiendo estas líneas en plena noche de brujas, para mí el Halloween fue el viernes.
Ese día tuve una pesadilla.
Y fue tan real, que hasta ahora siento que no he despertado.
Come les decía, fue tan real, que sabía que estaba en día Viernes, y que efectivamente era un día de mierda, y por supuesto había una bruja mala, y probablemente más de un idiota; todo lo cual me llevaba a la ineludible interrogante: ¿qué estaré pagando?.
Pero, mejor vayamos con la pesadilla de marras:
Yo era un simple aldeano, y pasaba por un buen año.
Había empezado a abrir mis horizontes para salir de esa aldea.
Había logrado trazarme un objetivo claro para un futuro cercano.
Pero, como ya les conté, en esta pesadilla había una bruja mala.
Una bruja que había alcanzado el poder.
Y no me quería.
Entonces arremetía en contra mía.
Sin embargo, a pesar de las arremetidas de la bruja en cuestión, yo había sabido eludirla de una forma u otra.
Había logrado mantenerme a prudente distancia de su viscosa varita.
O al menos eso creía.
Como les decía, pasaba por un buen año, y había encontrado la forma de reencontrarme con aldeanos de mi infancia y juventud.
Había logrado enterarme de lo felices que vivían muchos de ellos.
Y yo era muy feliz con todas esas noticias.
Y es que estaba convencido de que sólo el amor salvaría al mundo.
Pero me jodieron el año, justo cuando ya estaba cerca de acabarse.
Es que, finalmente, la bruja y su varita me dieron alcance.
Y lograron su objetivo.
Y pude ver su sonrisa de satisfacción.
Y yo, finalmente convertido en sapo, fui condenado a vivir en un charco.
Lo último que recuerdo de esa pesadilla es que había algo que me mantenía con vida.
La esperanza de que la Reina Buena del Oriente venga a mi rescate.
**********
Se supone que ya desperté, pero aún me siento adormilado, cansado, exhausto … fue –o es, ya no lo sé- una pesadilla muy real.
Se supone que no soy un sapo y que las brujas malas no existen, pero algo me dice que eso no es del todo cierto.
Y en la medida que aún me sienta dentro de la pesadilla, yo mismo me veré de color verde, y sentiré ¿miedo? por la bruja; pero a su vez, me sostendré con la esperanza de que finalmente la reina buena venga a mi rescate.
Sólo espero que cuando esté cerca de la Reina, no le descubra una verruga en la nariz, o que de entre sus ropas sobresalga alguna otra viscosa varita que delate un futuro que no quiero.
¿Truco o Trato?
“¿Qué estaré pagando?”, “Otro Viernes de Mierda”, “La Bruja Mala y el Idiota”; sin embargo, finalmente preferí quedarme con el que le puse, pues tiene un poco de todos ellos.
Y es que a pesar de estar escribiendo estas líneas en plena noche de brujas, para mí el Halloween fue el viernes.
Ese día tuve una pesadilla.
Y fue tan real, que hasta ahora siento que no he despertado.
Come les decía, fue tan real, que sabía que estaba en día Viernes, y que efectivamente era un día de mierda, y por supuesto había una bruja mala, y probablemente más de un idiota; todo lo cual me llevaba a la ineludible interrogante: ¿qué estaré pagando?.
Pero, mejor vayamos con la pesadilla de marras:
Yo era un simple aldeano, y pasaba por un buen año.
Había empezado a abrir mis horizontes para salir de esa aldea.
Había logrado trazarme un objetivo claro para un futuro cercano.
Pero, como ya les conté, en esta pesadilla había una bruja mala.
Una bruja que había alcanzado el poder.
Y no me quería.
Entonces arremetía en contra mía.
Sin embargo, a pesar de las arremetidas de la bruja en cuestión, yo había sabido eludirla de una forma u otra.
Había logrado mantenerme a prudente distancia de su viscosa varita.
O al menos eso creía.
Como les decía, pasaba por un buen año, y había encontrado la forma de reencontrarme con aldeanos de mi infancia y juventud.
Había logrado enterarme de lo felices que vivían muchos de ellos.
Y yo era muy feliz con todas esas noticias.
Y es que estaba convencido de que sólo el amor salvaría al mundo.
Pero me jodieron el año, justo cuando ya estaba cerca de acabarse.
Es que, finalmente, la bruja y su varita me dieron alcance.
Y lograron su objetivo.
Y pude ver su sonrisa de satisfacción.
Y yo, finalmente convertido en sapo, fui condenado a vivir en un charco.
Lo último que recuerdo de esa pesadilla es que había algo que me mantenía con vida.
La esperanza de que la Reina Buena del Oriente venga a mi rescate.
**********
Se supone que ya desperté, pero aún me siento adormilado, cansado, exhausto … fue –o es, ya no lo sé- una pesadilla muy real.
Se supone que no soy un sapo y que las brujas malas no existen, pero algo me dice que eso no es del todo cierto.
Y en la medida que aún me sienta dentro de la pesadilla, yo mismo me veré de color verde, y sentiré ¿miedo? por la bruja; pero a su vez, me sostendré con la esperanza de que finalmente la reina buena venga a mi rescate.
Sólo espero que cuando esté cerca de la Reina, no le descubra una verruga en la nariz, o que de entre sus ropas sobresalga alguna otra viscosa varita que delate un futuro que no quiero.
¿Truco o Trato?
martes, 26 de octubre de 2010
Solo un momento de Furia
Bajé las escaleras, marqué mi salida, me enchufé al reproductor de música de mi celular, levanté el volumen al máximo y seleccioné Love The Way You Lie de Rihanna & Eminen.
Estaba realmente furioso … marcando con ira cada paso.
Ni siquiera esa linda sonrisa que me regaló una linda jovencita justo antes de marcar mi salida enfrió en algo mi furia.
No puedo, o tal vez no quiero, explicar las razones … o a lo mejor ni siquiera existen.
Son muchas las cosas que no puedo explicar a estas alturas de mi vida.
Solo sé que la furia guiaba mi camino.
Hubiera dado cualquier cosa por estar en lo alto de una montaña para poder gritar hasta quedar completamente exhausto … gritar hasta quedar tendido sobre el piso, por más duro que este fuera … y llorar … llorar hasta derramar la ultima lágrima … hasta quedar completamente seco de sentimientos.
Hay ocasiones en que preferiría no sentir nada …
Es complicado luchar contra el adolescente que vive dentro de mi.
Él es más fuerte y decidido que yo … más seguro de lo que quiere, y finalmente no puedo contra sus argumentos.
Eso, definitivamente, me está atormentando.
Muchas veces forcejeamos.
En ese afán por sobrevivir, uno trata de acabar con el otro.
Sigo caminando y llego a mi paradero, lo encuentro lleno de gente y no lo puedo soportar … entonces decido seguir caminando … y es que caminar siempre ha sido una terapia para mi, una válvula de escape … un túnel que me conduce a donde yo quiera ir ... aunque ese camino y destino no estén mas que en mi imaginación.
Esa posibilidad de caminar sin rumbo –enchufado al reproductor de música- justo en el momento que ya no es de día, pero todavía no es de noche … es magia.
Muchas veces me ha salvado de la locura … otras tantas me ha conducido a ella.
Y es que -siempre yendo contra la corriente-, yo prefiero mil veces un atardecer a un amanecer … debe ser que para mí el día empieza justo a esa hora … cuando está a punto de irse para darle paso a la noche … también prefiero un invierno muy frío a mil veranos soleados ... pero sobre esto no me quiero extender, porque el incomprendido invierno se merece su propio post.
Un amanecer siempre ha significado para mi somnolencia y cansancio … o el final de una noche de copas.
Se que a mi edad ya debería haber aprendido hace rato a manejar estas emociones, pero la verdad es que no he aprendido nada.
Soy preso de mis emociones … y muchas veces pago por eso.
El problema es que otras tantas veces, también pagan los que me rodean, o los que por desdicha se cruzan en mi camino.
Bueno, finalmente terminé de caminar –es que tenía que hacerlo-, y aunque la furia no había terminado de irse, tuve que arrojarla al pavimento, porque igual tenía que subirme a un bus para enrumbarme a mi casa, pasar por una lavandería para recoger mi terno, pasar por una tienda para comprarme una camisa, y descansar … total, yo solo soy un simple mortal, no soy Michael Douglas, quien pudo tomarse todo un Dia de Furia … además, al día siguiente se casaba una entrañable amiga … pero esa es otra historia, gracias a Dios llena de amor y con un final feliz.
Que la paz sea con ustedes.
Estaba realmente furioso … marcando con ira cada paso.
Ni siquiera esa linda sonrisa que me regaló una linda jovencita justo antes de marcar mi salida enfrió en algo mi furia.
No puedo, o tal vez no quiero, explicar las razones … o a lo mejor ni siquiera existen.
Son muchas las cosas que no puedo explicar a estas alturas de mi vida.
Solo sé que la furia guiaba mi camino.
Hubiera dado cualquier cosa por estar en lo alto de una montaña para poder gritar hasta quedar completamente exhausto … gritar hasta quedar tendido sobre el piso, por más duro que este fuera … y llorar … llorar hasta derramar la ultima lágrima … hasta quedar completamente seco de sentimientos.
Hay ocasiones en que preferiría no sentir nada …
Es complicado luchar contra el adolescente que vive dentro de mi.
Él es más fuerte y decidido que yo … más seguro de lo que quiere, y finalmente no puedo contra sus argumentos.
Eso, definitivamente, me está atormentando.
Muchas veces forcejeamos.
En ese afán por sobrevivir, uno trata de acabar con el otro.
Sigo caminando y llego a mi paradero, lo encuentro lleno de gente y no lo puedo soportar … entonces decido seguir caminando … y es que caminar siempre ha sido una terapia para mi, una válvula de escape … un túnel que me conduce a donde yo quiera ir ... aunque ese camino y destino no estén mas que en mi imaginación.
Esa posibilidad de caminar sin rumbo –enchufado al reproductor de música- justo en el momento que ya no es de día, pero todavía no es de noche … es magia.
Muchas veces me ha salvado de la locura … otras tantas me ha conducido a ella.
Y es que -siempre yendo contra la corriente-, yo prefiero mil veces un atardecer a un amanecer … debe ser que para mí el día empieza justo a esa hora … cuando está a punto de irse para darle paso a la noche … también prefiero un invierno muy frío a mil veranos soleados ... pero sobre esto no me quiero extender, porque el incomprendido invierno se merece su propio post.
Un amanecer siempre ha significado para mi somnolencia y cansancio … o el final de una noche de copas.
Se que a mi edad ya debería haber aprendido hace rato a manejar estas emociones, pero la verdad es que no he aprendido nada.
Soy preso de mis emociones … y muchas veces pago por eso.
El problema es que otras tantas veces, también pagan los que me rodean, o los que por desdicha se cruzan en mi camino.
Bueno, finalmente terminé de caminar –es que tenía que hacerlo-, y aunque la furia no había terminado de irse, tuve que arrojarla al pavimento, porque igual tenía que subirme a un bus para enrumbarme a mi casa, pasar por una lavandería para recoger mi terno, pasar por una tienda para comprarme una camisa, y descansar … total, yo solo soy un simple mortal, no soy Michael Douglas, quien pudo tomarse todo un Dia de Furia … además, al día siguiente se casaba una entrañable amiga … pero esa es otra historia, gracias a Dios llena de amor y con un final feliz.
Que la paz sea con ustedes.
sábado, 9 de octubre de 2010
¿Crisis o Pataleta?
¿Les ha pasado que alguna vez han estado parados en la esquina de una calle sin saber dónde estaban?
Y cuando digo dónde, no me refiero a un lugar geográfico.
¿Les ha pasado alguna vez estar sentado en una mesa familiar y preguntarse quiénes son estas personas?
Y cuando digo quiénes, no me refiero a que no sepa que esas personas eran mis padres y mis hermanos, además de sobrinos y cuñados.
¿Les ha pasado alguna vez que han ido a donde no querían, no pudiendo ir a donde realmente querían ir?
Y nuevamente debo precisar que no estoy hablando de geografía.
¿Les ha pasado que un día por la mañana te levantas y te preguntas, es esto lo que quería?
Y cuando digo esto no me estoy refiriendo a nuestras cosas ni a nuestras casas.
¿Les ha pasado que alguna vez un amigo o un familiar se te acerca muy amablemente a preguntarte algo, pedirte algo, o simplemente, comentarte algo, y que tú no tienes ganas más que de gritarle que quieres estar solo? ¿o es que no lo notas en mi cara?
Y cuando digo solo, no me refiero a que uno quiera desaparecer a todo su entorno … porque uno con los años aprende que se puede caminar solo en medio de una mar de gente.
¿Les ha pasado que alguna vez alguien les ha dicho “te estoy esperando”, y tú no quieres más que enchufarte a tu reproductor de música, subirle el volumen al máximo y echarte a caminar sin rumbo alguno?.
Desde muy pequeño siempre tuve claro que “de grande” quería tener un trabajo tranquilo, casarme, un par de hijos, una casita acogedora en algún lugar alejado de la ciudad, un auto para transportarme; y ya !!! … como si la felicidad la vendieran empaquetada sobre algún estante de algún supermercado.
Definitivamente, la inocencia mal conducida no es una buena consejera.
La vida real es mucho más cruda que eso.
Darte cuenta de lo que realmente quieres es definitivamente un proceso que puede durar años, en los cuales necesariamente tienes que equivocarte y, muy probablemente, herir a algunas personas.
Darte cuenta de lo que realmente querías hacer para vivir, es muchas veces una luz que llega a ti para iluminarte haciendo algo que realmente nunca quisiste hacer.
¿Les ha pasado que alguna vez alguien les ha dicho que eres un chico lindo, cuando realmente tú querías ser un chico muy malo?
A mi últimamente se me vienen muchos cuestionamientos y no creo estar preparado para tener tantas respuestas.
Una amiga mía está próxima a dar un salto trascendental en su vida; y hace unos días la tuve frente a mi tan dubitativa, buscando respuestas, como queriendo arrancarme un “certificado de garantía” que le asegure que todo iba a irle bien.
Y yo no tenía respuestas.
Y es que no las tengo ni para mí mismo.
No sé si todo esto es una crisis personal … o una simple pataleta.
Ojalá sea lo último.
No sé si durará mucho o poco … o si alguna vez se vaya … ni siquiera puedo asegurar si es algo que llegó, o si siempre vivió conmigo.
Lo único que sé es que hoy tenía que escribir algo … y esto es lo que salió de mi.
Espero puedan disculpar el exabrupto.
Dos bellas mujeres jugando a los yaces en la sala de mi casa, y un jovencito con su guitarra, me recuerdan que soy esposo y padre … que uno de estos días debo, de una vez por todas, empujar al abismo al adolescente que aun vive dentro de mi … y que ya es hora de aterrizar.
Y cuando digo dónde, no me refiero a un lugar geográfico.
¿Les ha pasado alguna vez estar sentado en una mesa familiar y preguntarse quiénes son estas personas?
Y cuando digo quiénes, no me refiero a que no sepa que esas personas eran mis padres y mis hermanos, además de sobrinos y cuñados.
¿Les ha pasado alguna vez que han ido a donde no querían, no pudiendo ir a donde realmente querían ir?
Y nuevamente debo precisar que no estoy hablando de geografía.
¿Les ha pasado que un día por la mañana te levantas y te preguntas, es esto lo que quería?
Y cuando digo esto no me estoy refiriendo a nuestras cosas ni a nuestras casas.
¿Les ha pasado que alguna vez un amigo o un familiar se te acerca muy amablemente a preguntarte algo, pedirte algo, o simplemente, comentarte algo, y que tú no tienes ganas más que de gritarle que quieres estar solo? ¿o es que no lo notas en mi cara?
Y cuando digo solo, no me refiero a que uno quiera desaparecer a todo su entorno … porque uno con los años aprende que se puede caminar solo en medio de una mar de gente.
¿Les ha pasado que alguna vez alguien les ha dicho “te estoy esperando”, y tú no quieres más que enchufarte a tu reproductor de música, subirle el volumen al máximo y echarte a caminar sin rumbo alguno?.
Desde muy pequeño siempre tuve claro que “de grande” quería tener un trabajo tranquilo, casarme, un par de hijos, una casita acogedora en algún lugar alejado de la ciudad, un auto para transportarme; y ya !!! … como si la felicidad la vendieran empaquetada sobre algún estante de algún supermercado.
Definitivamente, la inocencia mal conducida no es una buena consejera.
La vida real es mucho más cruda que eso.
Darte cuenta de lo que realmente quieres es definitivamente un proceso que puede durar años, en los cuales necesariamente tienes que equivocarte y, muy probablemente, herir a algunas personas.
Darte cuenta de lo que realmente querías hacer para vivir, es muchas veces una luz que llega a ti para iluminarte haciendo algo que realmente nunca quisiste hacer.
¿Les ha pasado que alguna vez alguien les ha dicho que eres un chico lindo, cuando realmente tú querías ser un chico muy malo?
A mi últimamente se me vienen muchos cuestionamientos y no creo estar preparado para tener tantas respuestas.
Una amiga mía está próxima a dar un salto trascendental en su vida; y hace unos días la tuve frente a mi tan dubitativa, buscando respuestas, como queriendo arrancarme un “certificado de garantía” que le asegure que todo iba a irle bien.
Y yo no tenía respuestas.
Y es que no las tengo ni para mí mismo.
No sé si todo esto es una crisis personal … o una simple pataleta.
Ojalá sea lo último.
No sé si durará mucho o poco … o si alguna vez se vaya … ni siquiera puedo asegurar si es algo que llegó, o si siempre vivió conmigo.
Lo único que sé es que hoy tenía que escribir algo … y esto es lo que salió de mi.
Espero puedan disculpar el exabrupto.
Dos bellas mujeres jugando a los yaces en la sala de mi casa, y un jovencito con su guitarra, me recuerdan que soy esposo y padre … que uno de estos días debo, de una vez por todas, empujar al abismo al adolescente que aun vive dentro de mi … y que ya es hora de aterrizar.
martes, 5 de octubre de 2010
Final de Poto … perdón de Foto
Eran las siete de la noche y salía en calidad de bulto de la IE San Carlos -de Comas-, donde había cumplido con mi deber cívico en estas elecciones.
Me había levantado sobre las seis y media de la mañana, me había bañado, me había preparado un café con leche, un pan con mantequilla (nunca me inviten margarina por favor, es horrorosa, yo como mantequilla), cogí mi credencial, mi manual de instrucciones de miembro de mesa, y me enrumbé al local antes citado.
Yo tengo un extraño gusto por estas cosas.
Bueno, creo que en realidad casi todos mis gustos son algo extraños e inexplicables.
El único gusto razonable –y confesable- que tengo, se llama Elizabeth … al menos es el único gusto que ella no me puede cuestionar.
Creo que el gusto por estas cosas cívicas lo descubrí en quinto de secundaria, cuando tuve “obligatoriamente” que ir a censar en el Barrio de Leticia, en el Rímac, al lado del Cerro San Cristóbal.
No fue ningún esfuerzo para mi treparme a ese cerro y comenzar mi labor … casa por casa.
Recuerdo que ese día también terminamos algo tarde, pero a diferencia de ayer, en aquella oportunidad yo estaba enterito, sin muestra de cansancio alguno, … fresco como una lechuga.
También pues … tenía dieciseis añitos.
Bueno, ayer salía cansado del centro de votación, acompañado del Presidente de Mesa y de la Secretaria, con quienes compartí un día de mi vida.
Debo confesar que no la pasamos mal. La seriedad y parquedad inicial, finalmente dio paso al natural intercambio de preguntas.
La secretaria rompió el hielo diciendo que era enfermera; el presidente –medio cabizbajo- dijo que era obrero, y yo –mas avergonzado aún- tuve que confesar que era abogado.
También debo confesar que renegué mucho cuando al final del conteo de votos, me di con la desagradable sorpresa que Pie Grande Lulú había perdido en mi mesa.
Pero, si algo mi hígado no pudo soportar, fue la sonrisita burlona del personero de la Caperucita Recontra Roja.
Ya durante el día había odiado bastante a esos inexplicables personajes llamados PERSONEROS, porque mientras a nosotros la ONPE nos dio agua (sí … ¡¡¡ agua !!!, no gaseosa, no jugo de naranja o durazno, no chicha morada, sino ¡¡¡ agua !!!), galletas y caramelos; ah, y una barrita de Cereal Bar … ellos comían Pollo a la Brasa.
Mientras yo miraba mi desabrida bolsa blanca donde venía “mi merienda”, al mismo tiempo estaba oliendo (u olfateando con los pies en el aire, como Pedro Picapiedra) los envases de Pollo a la Brasa de esos señores, cuyo único trabajo era sentarse en una silla durante todo el día para al final –cuando uno ya estaba realmente con ganas de terminar cuanto antes el escrutinio- querer cuestionar nuestro trabajo, y hacer más larga y tediosa nuestra, ya de por si tediosa, labor cívica.
Bueno, ya fuera de los salones, en el patio del colegio, todos comentaban el triunfo de la Caperucita Recontra Roja y yo ya me sentía resignado.
Llegué a mi casa y Elizabeth estaba igualmente mortificada … aunque no sé por qué, si ella voto por Lay (¡¡Recontra May!!!).
Bueno, cuando ya estaba cerrando los ojos (no para morirme, por siaca), salió por la tele Magdalena Chu y dijo que La Caperucita Recontra Roja estaba ganando … por la mañana Aldo Mariátegui decía que la ventaja se había ampliado … a media Mañana –ya en la chamba-, mi amiga Hellencita Shanshez, harta de los comentarios de un Susanista, quien no dejaba de gritar y de jactarse de los avances de la ONPE, le dijo que se meta el último avance de la ONPE allí mismo donde Lourdes había sugerido. Entonces el susanista finalmente se quedó mudo.
Nadie podrá negar que la política en este país es divertidísima, y nos agudiza el ingenio.
Al terminar este post, ya la ONPE emitió su último reporte del día … y yo no pienso hacerle caso ni a Lourdes ni a mi amiga Hellencita Shanshez … sino que pienso utilizarlo para dormir con esperanza, quien no es una mujer, porque si no seríamos tres en la cama, y yo no creo que eso le haga gracia alguna a Elizabeth.
Bueno señores, 0,84% de los votos es lo que separa a Caperucita Recontra Roja de Pie Grande Lulú … díganme si no es una final de Potografía … porque otro termino no cabe entre estas señoras.
Me había levantado sobre las seis y media de la mañana, me había bañado, me había preparado un café con leche, un pan con mantequilla (nunca me inviten margarina por favor, es horrorosa, yo como mantequilla), cogí mi credencial, mi manual de instrucciones de miembro de mesa, y me enrumbé al local antes citado.
Yo tengo un extraño gusto por estas cosas.
Bueno, creo que en realidad casi todos mis gustos son algo extraños e inexplicables.
El único gusto razonable –y confesable- que tengo, se llama Elizabeth … al menos es el único gusto que ella no me puede cuestionar.
Creo que el gusto por estas cosas cívicas lo descubrí en quinto de secundaria, cuando tuve “obligatoriamente” que ir a censar en el Barrio de Leticia, en el Rímac, al lado del Cerro San Cristóbal.
No fue ningún esfuerzo para mi treparme a ese cerro y comenzar mi labor … casa por casa.
Recuerdo que ese día también terminamos algo tarde, pero a diferencia de ayer, en aquella oportunidad yo estaba enterito, sin muestra de cansancio alguno, … fresco como una lechuga.
También pues … tenía dieciseis añitos.
Bueno, ayer salía cansado del centro de votación, acompañado del Presidente de Mesa y de la Secretaria, con quienes compartí un día de mi vida.
Debo confesar que no la pasamos mal. La seriedad y parquedad inicial, finalmente dio paso al natural intercambio de preguntas.
La secretaria rompió el hielo diciendo que era enfermera; el presidente –medio cabizbajo- dijo que era obrero, y yo –mas avergonzado aún- tuve que confesar que era abogado.
También debo confesar que renegué mucho cuando al final del conteo de votos, me di con la desagradable sorpresa que Pie Grande Lulú había perdido en mi mesa.
Pero, si algo mi hígado no pudo soportar, fue la sonrisita burlona del personero de la Caperucita Recontra Roja.
Ya durante el día había odiado bastante a esos inexplicables personajes llamados PERSONEROS, porque mientras a nosotros la ONPE nos dio agua (sí … ¡¡¡ agua !!!, no gaseosa, no jugo de naranja o durazno, no chicha morada, sino ¡¡¡ agua !!!), galletas y caramelos; ah, y una barrita de Cereal Bar … ellos comían Pollo a la Brasa.
Mientras yo miraba mi desabrida bolsa blanca donde venía “mi merienda”, al mismo tiempo estaba oliendo (u olfateando con los pies en el aire, como Pedro Picapiedra) los envases de Pollo a la Brasa de esos señores, cuyo único trabajo era sentarse en una silla durante todo el día para al final –cuando uno ya estaba realmente con ganas de terminar cuanto antes el escrutinio- querer cuestionar nuestro trabajo, y hacer más larga y tediosa nuestra, ya de por si tediosa, labor cívica.
Bueno, ya fuera de los salones, en el patio del colegio, todos comentaban el triunfo de la Caperucita Recontra Roja y yo ya me sentía resignado.
Llegué a mi casa y Elizabeth estaba igualmente mortificada … aunque no sé por qué, si ella voto por Lay (¡¡Recontra May!!!).
Bueno, cuando ya estaba cerrando los ojos (no para morirme, por siaca), salió por la tele Magdalena Chu y dijo que La Caperucita Recontra Roja estaba ganando … por la mañana Aldo Mariátegui decía que la ventaja se había ampliado … a media Mañana –ya en la chamba-, mi amiga Hellencita Shanshez, harta de los comentarios de un Susanista, quien no dejaba de gritar y de jactarse de los avances de la ONPE, le dijo que se meta el último avance de la ONPE allí mismo donde Lourdes había sugerido. Entonces el susanista finalmente se quedó mudo.
Nadie podrá negar que la política en este país es divertidísima, y nos agudiza el ingenio.
Al terminar este post, ya la ONPE emitió su último reporte del día … y yo no pienso hacerle caso ni a Lourdes ni a mi amiga Hellencita Shanshez … sino que pienso utilizarlo para dormir con esperanza, quien no es una mujer, porque si no seríamos tres en la cama, y yo no creo que eso le haga gracia alguna a Elizabeth.
Bueno señores, 0,84% de los votos es lo que separa a Caperucita Recontra Roja de Pie Grande Lulú … díganme si no es una final de Potografía … porque otro termino no cabe entre estas señoras.
domingo, 3 de octubre de 2010
Alex, ¿¿por qué te fuiste??? … ¡¡ mira como la jodiste !!!
Son pasada la media noche, y tengo poco más de seis horas para acostarme y volverme a levantar para cumplir con mi deber cívico de ser miembro de mesa.
Es muy probable que de puro asado haga uso (¿o abuso?) de mi derecho de llegar hasta las ocho y media de la mañana … … total, que mas da … finalmente tengo que escoger entre La Pie Grande Lulú o La Caperucita Recontra Roja (que más se parece a la abuelita, por cierto).
Hace un buen rato ya que tuve que mandar al carajo mi voto por El Gonchi Alegría … y a pesar de pasar revista más de una vez (Huevo Duro, El Hermano del Ex Alcalde, Papa Vieja Lay y El Helicóptero), me di cuenta que una vez más tenía que usar mi voto como salvavidas.
Lima ya esta recontra jodida como para joderla más.
Hasta antes de la tacha de Alex, se veía una campaña más o menos decente y divertida.
Había una lucha electoral que discurría entre puyas conocidas.
Alex respondía alturadamente –y cínicamente por cierto- a las acusaciones de corrupción. Como ya lo dije, todo dentro de lo normal.
Pero después de que Alex se fue, la cosa fue cambiando a un tono que a lo lejos me sonaba a algo conocido.
El murmullo era similar al que suelo escuchar cuando paso por un escritorio de mi chamba rodeado por algunas compañeros de trabajo.
Yo escuchaba los noticieros a la ligera y me reía, sin darme del todo cuenta de lo que inevitablemente se veía venir.
¡¡ Terruca !!! gritó una … ¡¡ Narcotraficante !!! le respondió la otra …
Bueno, es política, me decía para mis adentros. Todo normal.
Seguía escuchando los noticieros muy a la ligera por las mañanas, mientras intentaba como sea entrar en mi ropa para irme a trabajar –previa maldecida a Castañeda por romperme todo Lima-.
Seguía escuchando los noticieros muy a ligera por las noches, mientras me quedaba dormido.
Cuando de repente se escucha un lío de un par de tías bochincheras que yo asumía eran de una nota de alguna pollada en un barrio popular … ¡¡ y no !!! … era un resumen de lo que se habían dicho las susodichas en el día de campaña terminado.
¡ Ah no Carajo !! … esto no puede ser –me dije- ¿una de estas señoras quiere administrar mi Ciudad Jardín ?? … ¡¡ Con esas palabrotas me la terminan de marchitar a la semana no más !!!.
Ya medio desconcertado … por inercia –y como quien pregunta por el piloto cuando ve que el avión se va en picada- me preguntaba … ¿y Alex?? ¿¿dónde carajos está Alex??? … y después de ubicarme nuevamente en la realidad, caía en cuenta de que Alex ya no estaba, y de que estaba atrapado en medio de estas dos ¿¿señoras???.
No me quiero ni imaginar cómo se estará removiendo en su tumba doña Ana María Fernandini de Naranjo.
Estoy convencido que si se pudiera levantar renunciaría ex post a la alcaldía, solo para que no la ligaran como antecesora de semejantes señoras.
“Que se metan la alcaldía al poto” dice una.
Ah no … yo no puedo darle mi poto, perdón, mi voto, a una señora así.
Soy una persona seria, y mi voto tiene que ser responsable.
“Perra” se le escucha decir a la otra.
¿¿Qué coooosaaa??? … y eso lo dijo la señora de mejor cuna.
Creo que ya estoy jodido.
Tengo que elegir entre poto y perra; salvo que me la quiera pegar de “integro” y vote por quien realmente quisiera votar; o sea, El Gonchi Alegría.
Pero nada de esto hubiera pasado si Alex hubiera planificado bien las cosas y, por lo tanto, hubiéramos tenido la opción de elegir sin escuchar tanta bochinchada.
¿¿Por qué te tuviste que ir Alex???
Si por lo menos estuviera viva la tía Ana María, de seguro ella las mandaría a lavarse la boca con jabón.
Es muy probable que de puro asado haga uso (¿o abuso?) de mi derecho de llegar hasta las ocho y media de la mañana … … total, que mas da … finalmente tengo que escoger entre La Pie Grande Lulú o La Caperucita Recontra Roja (que más se parece a la abuelita, por cierto).
Hace un buen rato ya que tuve que mandar al carajo mi voto por El Gonchi Alegría … y a pesar de pasar revista más de una vez (Huevo Duro, El Hermano del Ex Alcalde, Papa Vieja Lay y El Helicóptero), me di cuenta que una vez más tenía que usar mi voto como salvavidas.
Lima ya esta recontra jodida como para joderla más.
Hasta antes de la tacha de Alex, se veía una campaña más o menos decente y divertida.
Había una lucha electoral que discurría entre puyas conocidas.
Alex respondía alturadamente –y cínicamente por cierto- a las acusaciones de corrupción. Como ya lo dije, todo dentro de lo normal.
Pero después de que Alex se fue, la cosa fue cambiando a un tono que a lo lejos me sonaba a algo conocido.
El murmullo era similar al que suelo escuchar cuando paso por un escritorio de mi chamba rodeado por algunas compañeros de trabajo.
Yo escuchaba los noticieros a la ligera y me reía, sin darme del todo cuenta de lo que inevitablemente se veía venir.
¡¡ Terruca !!! gritó una … ¡¡ Narcotraficante !!! le respondió la otra …
Bueno, es política, me decía para mis adentros. Todo normal.
Seguía escuchando los noticieros muy a la ligera por las mañanas, mientras intentaba como sea entrar en mi ropa para irme a trabajar –previa maldecida a Castañeda por romperme todo Lima-.
Seguía escuchando los noticieros muy a ligera por las noches, mientras me quedaba dormido.
Cuando de repente se escucha un lío de un par de tías bochincheras que yo asumía eran de una nota de alguna pollada en un barrio popular … ¡¡ y no !!! … era un resumen de lo que se habían dicho las susodichas en el día de campaña terminado.
¡ Ah no Carajo !! … esto no puede ser –me dije- ¿una de estas señoras quiere administrar mi Ciudad Jardín ?? … ¡¡ Con esas palabrotas me la terminan de marchitar a la semana no más !!!.
Ya medio desconcertado … por inercia –y como quien pregunta por el piloto cuando ve que el avión se va en picada- me preguntaba … ¿y Alex?? ¿¿dónde carajos está Alex??? … y después de ubicarme nuevamente en la realidad, caía en cuenta de que Alex ya no estaba, y de que estaba atrapado en medio de estas dos ¿¿señoras???.
No me quiero ni imaginar cómo se estará removiendo en su tumba doña Ana María Fernandini de Naranjo.
Estoy convencido que si se pudiera levantar renunciaría ex post a la alcaldía, solo para que no la ligaran como antecesora de semejantes señoras.
“Que se metan la alcaldía al poto” dice una.
Ah no … yo no puedo darle mi poto, perdón, mi voto, a una señora así.
Soy una persona seria, y mi voto tiene que ser responsable.
“Perra” se le escucha decir a la otra.
¿¿Qué coooosaaa??? … y eso lo dijo la señora de mejor cuna.
Creo que ya estoy jodido.
Tengo que elegir entre poto y perra; salvo que me la quiera pegar de “integro” y vote por quien realmente quisiera votar; o sea, El Gonchi Alegría.
Pero nada de esto hubiera pasado si Alex hubiera planificado bien las cosas y, por lo tanto, hubiéramos tenido la opción de elegir sin escuchar tanta bochinchada.
¿¿Por qué te tuviste que ir Alex???
Si por lo menos estuviera viva la tía Ana María, de seguro ella las mandaría a lavarse la boca con jabón.
sábado, 28 de agosto de 2010
ANDREA CULLEN
Andrea tiene 11 años y ya tiene todo el porte de una niña que está dejándolo de ser … habiendo empezado a caminar el sendero que la llevará a convertirse en toda una señorita.
La he visto crecer entre llantos, pataletas y un genio casi indomable.
La pobre puerta de su dormitorio puede dar fe de eso.
Cuando se lo propone, también puede ser la niña más dulce y graciosa sobre la faz de la tierra.
Casi siempre segura de lo que quiere, aún pequeña, veía como su hermano iba al colegio, y entonces comenzó a reclamar ir ella también.
A diferencia de Diego, ella no lloró en su primer día de clases.
Cuando con Elizabeth y Diego nos hicimos fanáticos del cine, ella nos acompañó alguna vez … y no le gustó.
Con la firmeza –o intolerancia- que le pone a casi todo lo que decide, la siguiente vez dijo no querer acompañarnos.
Amenazamos con dejarla sola en casa y ella ni se inmutó … “váyanse nomás”, dijo.
Así es mi hija. Firme como su madre, o intolerante como su padre, según como lo quieran ver.
Cuando quiere algo, busca la forma de conseguirlo.
Y como yo soy un padre consentidor, no le resulta muy difícil conseguir lo que me pide.
Cuando no quiere algo, también lo manifiesta con firmeza.
Con el mismo habito consentidor, yo procuro respetar sus decisiones. Es que consentir es más fácil. Para lo otro está su madre.
Yo no había visto Crepusculo ni Luna Nueva, y, debido a mi afición por el cine, hace un par de meses comencé a sentir curiosidad por esa saga de juveniles vampiros; con la seguridad de que se trataba de alguna saga de terror.
Craso error … era una historia de amor … y por esa misma razón quedé prendado de la saga.
Entonces un día cualquiera le dije a Diego acompáñame, y fuimos por un par de copias piratas. Es que, como peruano, no me gusta que me impongan un precio caro. Yo regalo mi plata cuando quiero, no cuando otro me lo quiere exigir.
Días después Elizabeth me llama por teléfono y me confiesa que había visto con sus hijos ambas películas. No me esperaron.
Creo que la combinación de pubertad con Edward Cullen surtieron un efecto mágico en Andrea.
Al parecer esas películas han sido el punto de quiebre visible –al menos para mí- entre su niñez y su pubertad.
A partir de ellas ya no quiere Barbies, salvo que lleguen al Perú las Barbie's Crepúsculo, que dice haberlas visto en Internet.
Lo cierto es que, contra toda costumbre de ella, y en complicidad con su madre, me arrastraron al pre-estreno de Eclipse –la tercera película de la referida saga-, que fue un miércoles y casi cerca a la medianoche. Al día siguiente, Andrea se levantó sin mayor problema para ir al cole. Yo estaba sonámbulo.
¡¡ Andrea !!! … ¡¡ la niña a la que no le gusta el cine, de repente quiere ir, y a la medianoche !!!
Si eso no es un cambio …
No conforme con las películas, pidió que le compren los libros.
Su madre le compró –ediciones piratas, obvio-, primero Crepúsculo, y luego Luna Nueva.
Es gracioso como ahora se encierra en su cuarto, pero ya no para jugar con sus muñecas o con sus “yaces”, ahora lo hace para maratónicas sesiones de lectura.
A esta alturas está terminando de leer Eclipse … y esta vez ya no quiso una edición pirata.
A estas alturas también está completamente “enamorada” de Edward Cullen … y, probablemente, al igual que Bella Swan, espera secretamente que el susodicho vampiro “venga a morderla”.
Gracias a Dios, en medio de tantos colmillos juveniles, Andrea –a diferencia de Bella- ha denotado un rasgo de fidelidad –con toda seguridad heredado de su madre-. Ella no ha dividido sus afectos entre Edward y Jacob … ella “muere” únicamente por Edward.
Estamos a la espera de que en Zeta Bookstore repongan Amanecer para ir a comprarlo. Y de seguro seguirá encerrándose en su dormitorio para terminar con la historia.
Aceptar que la hija de uno está creciendo no es nada fácil.
Aceptar que su linda cabecita alberga estos sueños juveniles, al principio me causará gracia; pero también sé que en algún momento me harán enojar.
Aceptar que algún día –tal vez- deje de usar mi apellido para usar el de “otro hombre” de seguro algo me mortificará.
Pero recién es el comienzo … aún falta mucho.
Yo siempre he dicho –respecto de Andrea-, que el primer disparo es de advertencia, y el segundo es a las piernas. En broma, obviamente.
También debo confesar que el cambio que está viviendo ella, está empezando a afectarme a mí también.
Pero, por ahora, no quiero preocuparme de eso.
Aún se me acerca y me abraza.
Ayer nomás tuve que consolarla, cuando –bañado su rostro en lágrimas- corrió hacia mí porque no podía entender por qué un jurado no supo valorar todo el esfuerzo que hizo durante tres meses de ensayos para llegar –junto a sus compañeros de aula- a una ansiada final en el Festival de Folklore de su colegio.
Aún quiere jugar conmigo.
Aún es posible divertirnos de regreso de su colegio.
Como todo eso es posible aún, mi forma de aceptar ese sueño juvenil de sentirse más Cullen que Recalde, es llamándola a comer de una nueva manera:
- Andrea Cullen, ven a la mesa, que tu comida está servida.
La he visto crecer entre llantos, pataletas y un genio casi indomable.
La pobre puerta de su dormitorio puede dar fe de eso.
Cuando se lo propone, también puede ser la niña más dulce y graciosa sobre la faz de la tierra.
Casi siempre segura de lo que quiere, aún pequeña, veía como su hermano iba al colegio, y entonces comenzó a reclamar ir ella también.
A diferencia de Diego, ella no lloró en su primer día de clases.
Cuando con Elizabeth y Diego nos hicimos fanáticos del cine, ella nos acompañó alguna vez … y no le gustó.
Con la firmeza –o intolerancia- que le pone a casi todo lo que decide, la siguiente vez dijo no querer acompañarnos.
Amenazamos con dejarla sola en casa y ella ni se inmutó … “váyanse nomás”, dijo.
Así es mi hija. Firme como su madre, o intolerante como su padre, según como lo quieran ver.
Cuando quiere algo, busca la forma de conseguirlo.
Y como yo soy un padre consentidor, no le resulta muy difícil conseguir lo que me pide.
Cuando no quiere algo, también lo manifiesta con firmeza.
Con el mismo habito consentidor, yo procuro respetar sus decisiones. Es que consentir es más fácil. Para lo otro está su madre.
Yo no había visto Crepusculo ni Luna Nueva, y, debido a mi afición por el cine, hace un par de meses comencé a sentir curiosidad por esa saga de juveniles vampiros; con la seguridad de que se trataba de alguna saga de terror.
Craso error … era una historia de amor … y por esa misma razón quedé prendado de la saga.
Entonces un día cualquiera le dije a Diego acompáñame, y fuimos por un par de copias piratas. Es que, como peruano, no me gusta que me impongan un precio caro. Yo regalo mi plata cuando quiero, no cuando otro me lo quiere exigir.
Días después Elizabeth me llama por teléfono y me confiesa que había visto con sus hijos ambas películas. No me esperaron.
Creo que la combinación de pubertad con Edward Cullen surtieron un efecto mágico en Andrea.
Al parecer esas películas han sido el punto de quiebre visible –al menos para mí- entre su niñez y su pubertad.
A partir de ellas ya no quiere Barbies, salvo que lleguen al Perú las Barbie's Crepúsculo, que dice haberlas visto en Internet.
Lo cierto es que, contra toda costumbre de ella, y en complicidad con su madre, me arrastraron al pre-estreno de Eclipse –la tercera película de la referida saga-, que fue un miércoles y casi cerca a la medianoche. Al día siguiente, Andrea se levantó sin mayor problema para ir al cole. Yo estaba sonámbulo.
¡¡ Andrea !!! … ¡¡ la niña a la que no le gusta el cine, de repente quiere ir, y a la medianoche !!!
Si eso no es un cambio …
No conforme con las películas, pidió que le compren los libros.
Su madre le compró –ediciones piratas, obvio-, primero Crepúsculo, y luego Luna Nueva.
Es gracioso como ahora se encierra en su cuarto, pero ya no para jugar con sus muñecas o con sus “yaces”, ahora lo hace para maratónicas sesiones de lectura.
A esta alturas está terminando de leer Eclipse … y esta vez ya no quiso una edición pirata.
A estas alturas también está completamente “enamorada” de Edward Cullen … y, probablemente, al igual que Bella Swan, espera secretamente que el susodicho vampiro “venga a morderla”.
Gracias a Dios, en medio de tantos colmillos juveniles, Andrea –a diferencia de Bella- ha denotado un rasgo de fidelidad –con toda seguridad heredado de su madre-. Ella no ha dividido sus afectos entre Edward y Jacob … ella “muere” únicamente por Edward.
Estamos a la espera de que en Zeta Bookstore repongan Amanecer para ir a comprarlo. Y de seguro seguirá encerrándose en su dormitorio para terminar con la historia.
Aceptar que la hija de uno está creciendo no es nada fácil.
Aceptar que su linda cabecita alberga estos sueños juveniles, al principio me causará gracia; pero también sé que en algún momento me harán enojar.
Aceptar que algún día –tal vez- deje de usar mi apellido para usar el de “otro hombre” de seguro algo me mortificará.
Pero recién es el comienzo … aún falta mucho.
Yo siempre he dicho –respecto de Andrea-, que el primer disparo es de advertencia, y el segundo es a las piernas. En broma, obviamente.
También debo confesar que el cambio que está viviendo ella, está empezando a afectarme a mí también.
Pero, por ahora, no quiero preocuparme de eso.
Aún se me acerca y me abraza.
Ayer nomás tuve que consolarla, cuando –bañado su rostro en lágrimas- corrió hacia mí porque no podía entender por qué un jurado no supo valorar todo el esfuerzo que hizo durante tres meses de ensayos para llegar –junto a sus compañeros de aula- a una ansiada final en el Festival de Folklore de su colegio.
Aún quiere jugar conmigo.
Aún es posible divertirnos de regreso de su colegio.
Como todo eso es posible aún, mi forma de aceptar ese sueño juvenil de sentirse más Cullen que Recalde, es llamándola a comer de una nueva manera:
- Andrea Cullen, ven a la mesa, que tu comida está servida.
lunes, 16 de agosto de 2010
¿¿ AMOR A PRIMERA VISTA ???
Estaba a punto de terminar el cole y estaba a punto de cumplir 17.
También estaba a punto de subir al bus, pero mi madre no me dejaba.
Creo haber confesado en más de una oportunidad –aunque no sé si por escrito- que mi madre siempre busco engreírme; y aunque esto nunca me gustó del todo, tampoco hice mucho por evitarlo … al fin y al cabo no era más que un adolescente que luchaba por dejar de ser un niño.
Era mi viaje de promoción y salíamos fuera de Lima; y siendo un adolescente engreído y sobreprotegido por mi madre, obviamente nunca había viajado fuera de Lima sin ella; aunque si hago un esfuerzo de memoria, creo que –salvo aquella oportunidad en que ella misma nos hizo subir a un avión, junto a mis hermanos, para ir a Arequipa- nunca había salido de Lima.
Yo estaba con mi maleta y con una frazada atada por una soguilla tratando de subir a ese bus, y mi madre –al borde las lágrimas- me pedía que no viajara.
Fue realmente bochornoso.
No recuerdo otra escena siquiera parecida entre mis amigos … a lo mejor la vergüenza no me dejaba ver bien a los alrededores … pero lo dudo.
Mis amigos de ese colegio –nacional y de policías- eran mayores que yo –incluso habían mayores de edad-, y no creo equivocarme al afirmar que incluso ese año una de mis compañeras de aula llevó parte de su embarazo asistiendo a clases, disimulando “su estado” con un poncho rojo que nunca se quitaba, a pesar del sol que suele aparecer a partir de finales de setiembre.
Obviamente, en ese colegio no había espacio para los engreídos.
De dar cuenta de esto se encargaron insignes representantes del 5to “B” -que era mi sección-; el flaco Cotrina, que se alucinaba oficial, y a quien nosotros jodíamos con la chapa de “Oficial de la Baja Policía”, el Cabezón Alcalde, que era el Brigadier de mi aula y a quien años después vi enfundado en las botas negras y el uniforme verde de nuestra Policía Nacional; o el Cholo Pari, pendejo y acriollado hijo de provincianos, quien “me adoptó” como su protegido, de quien no sé nada desde hace muchos años, salvo que es profesor.
Como decía, en ese colegio no había espacio para los engreídos; y si los había, ninguno lo dejaba notar, ni siquiera Zumatea –que era un gay confeso … no sé si convicto, al menos no me consta-, y que alguna vez se defendió como los hombres cuando alguien le imputó el calificativo de “maricón”.
Un momentito –dijo Zumaeta-, maricón es el que tiene miedo, y yo no le tengo miedo a ninguno de ustedes … yo no soy maricón … yo soy homosexual, sentenció.
Bueno, finalmente mi madre tuvo que resignarse.
Su mimado hijo estaba dispuesto a viajar, a pesar de sus lágrimas.
En ningún momento dudé de hacer ese viaje.
Salvo la pelota, y unos cuantos amigos, ya me había aburrido de lo lindo durante los primeros cuatro años de la secundaria en el Alejandro O. Deustua, de Magdalena del Mar -un colegio que había reservado para los hombres el turno de la tarde, mientras que en la mañana estudiaban las mujeres-.
Por nada iba a renunciar a aquel viaje que cerraba con broche de oro un año de muchas “nuevas experiencias”, no tan nuevas para el resto: colegio misio, pero misio de de verdad … las aulas se dividían con triplay … con lo que tranquilamente podías escuchar matemáticas e historia al mismo tiempo … en fin, chicas, fiestas … fiestas, chicas … qué más se podía pedir a esa edad … aunque también hubo broncas debajo del Puente Santa Rosa, de las que también supe salir magullado.
Después de un año en ese colegio, ya me había despercudido de algunas niñerías y había empezado a liberar al pequeño tirano que vivía prisionero dentro de mí.
Finalmente el bus partió de la puerta del colegio, dejando atrás a mi madre y a sus ojos llorosos.
Después de algunas paradas en la Panamericana Norte -antes de llegar a Puente Piedra-, finalmente el bus tomo rumbo y velocidad de carretera y solo paramos en las garitas de ley.
Nunca voy a olvidar esa nueva experiencia que fue aquella pestilencia que te avisaba que estábamos llegando a Chimbote … lo siento Bou, es la verdad.
Tampoco voy a olvidar ese extraordinario desayuno en Virú.
Pero, sobre todo, nunca voy a olvidar ese primer encuentro con uno de los grandes amores de mi vida … la hermosa ciudad de Trujillo.
Ella era el destino final de nuestro viaje de promoción, y creo que ese viaje me marcó para siempre.
No fue un viaje confortable –para nada-, el bus era bastante destartalado.
Dormimos una noche en una dependencia de la policía, otra en el bus, y creo que una última ni dormimos.
No recuerdo, o tal vez no quiero recordar, donde nos bañábamos.
A lo mejor ni lo hacíamos.
Chan Chan fue de ensueño.
No sé por qué extraña razón me quedé encandilado con aquella ciudad, pero pasó.
A lo mejor es el recuerdo de la fiesta que tuvimos la última noche en aquella ciudad. No lo sé.
Mi amor por ella fue un flechazo a primera vista, como me pasó con la “U”, cuando la ví jugar en aquel memorable partido de la Copa Libertadores de 1975, frente al Peñarol de Uruguay.
Mi amor por Trujillo fue a primera vista … y para siempre.
Cuando retorné a Lima, yo ya no era el mismo … le había sido infiel a mi ciudad natal.
He regresado en otras oportunidades y siempre es lo mismo.
A pesar de haber pasado alguna vez un mes entero resolviendo un asunto familiar, en pésimas condiciones, el saber que estaba en un lugar amado hacía todo más llevadero.
Sus Pubs, sus Peñas.
Noches de nostalgia.
“Esto es diversión … el resto es mentira”, me dijo alguna vez alguien de quien no recuerdo ni su rostro ni su nombre.
A Chan Chan la he visitado hasta en tres oportunidades, y podría seguir visitándola.
En Huanchaco he estado un par de veces … y aún no he podido quedarme por lo menos una semana de verano … es algo pendiente.
La última vez que visité Trujillo fue fugazmente –ya con mi propia familia-.
Llegamos una mañana lluviosa … pero era Trujillo … y no me importaba como se encontrara. La sola sensación de estar allí me alegraba el alma.
Una vez más Chan Chan, pero ahora, además, Moche y la Huaca de la Luna.
La recorrí de noche para hacer algunas compras y la dejé con nostalgia … con el eterno juramento de volver … para quedarme.
No sé si alguna vez me arrepienta de esto, pero hasta hoy puedo seguir afirmando que Trujillo es una ciudad en la quisiera terminar viviendo.
He visitado y conozco otras ciudades.
Hace pocos días he regresado de un inolvidable viaje al Cusco.
También conozco Arequipa –con quien me he reconciliado-.
Huaraz, Chiclayo, Piura Pucallpa y Andahuaylas conocen de mi caminar … quiero conocer Jauja y sentarme a las orillas de la Laguna de Paca … todas esas ciudades serán parte de mi vida, pero ninguna –como Trujillo- es dueña de mi corazón.
También estaba a punto de subir al bus, pero mi madre no me dejaba.
Creo haber confesado en más de una oportunidad –aunque no sé si por escrito- que mi madre siempre busco engreírme; y aunque esto nunca me gustó del todo, tampoco hice mucho por evitarlo … al fin y al cabo no era más que un adolescente que luchaba por dejar de ser un niño.
Era mi viaje de promoción y salíamos fuera de Lima; y siendo un adolescente engreído y sobreprotegido por mi madre, obviamente nunca había viajado fuera de Lima sin ella; aunque si hago un esfuerzo de memoria, creo que –salvo aquella oportunidad en que ella misma nos hizo subir a un avión, junto a mis hermanos, para ir a Arequipa- nunca había salido de Lima.
Yo estaba con mi maleta y con una frazada atada por una soguilla tratando de subir a ese bus, y mi madre –al borde las lágrimas- me pedía que no viajara.
Fue realmente bochornoso.
No recuerdo otra escena siquiera parecida entre mis amigos … a lo mejor la vergüenza no me dejaba ver bien a los alrededores … pero lo dudo.
Mis amigos de ese colegio –nacional y de policías- eran mayores que yo –incluso habían mayores de edad-, y no creo equivocarme al afirmar que incluso ese año una de mis compañeras de aula llevó parte de su embarazo asistiendo a clases, disimulando “su estado” con un poncho rojo que nunca se quitaba, a pesar del sol que suele aparecer a partir de finales de setiembre.
Obviamente, en ese colegio no había espacio para los engreídos.
De dar cuenta de esto se encargaron insignes representantes del 5to “B” -que era mi sección-; el flaco Cotrina, que se alucinaba oficial, y a quien nosotros jodíamos con la chapa de “Oficial de la Baja Policía”, el Cabezón Alcalde, que era el Brigadier de mi aula y a quien años después vi enfundado en las botas negras y el uniforme verde de nuestra Policía Nacional; o el Cholo Pari, pendejo y acriollado hijo de provincianos, quien “me adoptó” como su protegido, de quien no sé nada desde hace muchos años, salvo que es profesor.
Como decía, en ese colegio no había espacio para los engreídos; y si los había, ninguno lo dejaba notar, ni siquiera Zumatea –que era un gay confeso … no sé si convicto, al menos no me consta-, y que alguna vez se defendió como los hombres cuando alguien le imputó el calificativo de “maricón”.
Un momentito –dijo Zumaeta-, maricón es el que tiene miedo, y yo no le tengo miedo a ninguno de ustedes … yo no soy maricón … yo soy homosexual, sentenció.
Bueno, finalmente mi madre tuvo que resignarse.
Su mimado hijo estaba dispuesto a viajar, a pesar de sus lágrimas.
En ningún momento dudé de hacer ese viaje.
Salvo la pelota, y unos cuantos amigos, ya me había aburrido de lo lindo durante los primeros cuatro años de la secundaria en el Alejandro O. Deustua, de Magdalena del Mar -un colegio que había reservado para los hombres el turno de la tarde, mientras que en la mañana estudiaban las mujeres-.
Por nada iba a renunciar a aquel viaje que cerraba con broche de oro un año de muchas “nuevas experiencias”, no tan nuevas para el resto: colegio misio, pero misio de de verdad … las aulas se dividían con triplay … con lo que tranquilamente podías escuchar matemáticas e historia al mismo tiempo … en fin, chicas, fiestas … fiestas, chicas … qué más se podía pedir a esa edad … aunque también hubo broncas debajo del Puente Santa Rosa, de las que también supe salir magullado.
Después de un año en ese colegio, ya me había despercudido de algunas niñerías y había empezado a liberar al pequeño tirano que vivía prisionero dentro de mí.
Finalmente el bus partió de la puerta del colegio, dejando atrás a mi madre y a sus ojos llorosos.
Después de algunas paradas en la Panamericana Norte -antes de llegar a Puente Piedra-, finalmente el bus tomo rumbo y velocidad de carretera y solo paramos en las garitas de ley.
Nunca voy a olvidar esa nueva experiencia que fue aquella pestilencia que te avisaba que estábamos llegando a Chimbote … lo siento Bou, es la verdad.
Tampoco voy a olvidar ese extraordinario desayuno en Virú.
Pero, sobre todo, nunca voy a olvidar ese primer encuentro con uno de los grandes amores de mi vida … la hermosa ciudad de Trujillo.
Ella era el destino final de nuestro viaje de promoción, y creo que ese viaje me marcó para siempre.
No fue un viaje confortable –para nada-, el bus era bastante destartalado.
Dormimos una noche en una dependencia de la policía, otra en el bus, y creo que una última ni dormimos.
No recuerdo, o tal vez no quiero recordar, donde nos bañábamos.
A lo mejor ni lo hacíamos.
Chan Chan fue de ensueño.
No sé por qué extraña razón me quedé encandilado con aquella ciudad, pero pasó.
A lo mejor es el recuerdo de la fiesta que tuvimos la última noche en aquella ciudad. No lo sé.
Mi amor por ella fue un flechazo a primera vista, como me pasó con la “U”, cuando la ví jugar en aquel memorable partido de la Copa Libertadores de 1975, frente al Peñarol de Uruguay.
Mi amor por Trujillo fue a primera vista … y para siempre.
Cuando retorné a Lima, yo ya no era el mismo … le había sido infiel a mi ciudad natal.
He regresado en otras oportunidades y siempre es lo mismo.
A pesar de haber pasado alguna vez un mes entero resolviendo un asunto familiar, en pésimas condiciones, el saber que estaba en un lugar amado hacía todo más llevadero.
Sus Pubs, sus Peñas.
Noches de nostalgia.
“Esto es diversión … el resto es mentira”, me dijo alguna vez alguien de quien no recuerdo ni su rostro ni su nombre.
A Chan Chan la he visitado hasta en tres oportunidades, y podría seguir visitándola.
En Huanchaco he estado un par de veces … y aún no he podido quedarme por lo menos una semana de verano … es algo pendiente.
La última vez que visité Trujillo fue fugazmente –ya con mi propia familia-.
Llegamos una mañana lluviosa … pero era Trujillo … y no me importaba como se encontrara. La sola sensación de estar allí me alegraba el alma.
Una vez más Chan Chan, pero ahora, además, Moche y la Huaca de la Luna.
La recorrí de noche para hacer algunas compras y la dejé con nostalgia … con el eterno juramento de volver … para quedarme.
No sé si alguna vez me arrepienta de esto, pero hasta hoy puedo seguir afirmando que Trujillo es una ciudad en la quisiera terminar viviendo.
He visitado y conozco otras ciudades.
Hace pocos días he regresado de un inolvidable viaje al Cusco.
También conozco Arequipa –con quien me he reconciliado-.
Huaraz, Chiclayo, Piura Pucallpa y Andahuaylas conocen de mi caminar … quiero conocer Jauja y sentarme a las orillas de la Laguna de Paca … todas esas ciudades serán parte de mi vida, pero ninguna –como Trujillo- es dueña de mi corazón.
domingo, 25 de julio de 2010
LOS MARAVILLOSOS AÑOS CUARENTA ... Una pequeña reflexión a raíz del cumple del Churrito
Acabo de colgar el teléfono y las palabras de mi pata el Churrito me retumban en la cabeza:
- Estoy asado, acabo de cumplir cuarentiún años y eso no me gusta nada.
Debo confesar que los cuarenta han sido una mierda.
Creo que Churrito tiene razón al estar asado.
Es más, creo que también debería estar asustado.
Pero, a diferencia de él, yo en realidad no sabía a qué etapa de mi vida estaba entrando.
En estos tiempos, los cuarenta significan la década en que ya no tienes excusa para nada.
En one, si a los cuarenta no te has casado, eres sospechoso –es más, casi culpable- de ser marica.
A los cuarenta tu vida ya debe estar resuelta.
Ya debes estar “hecho y derecho” (¡¡ ¿ y qué carajos significa eso ? !!!).
O sea que a los cuarenta ya debes estar “bien recorridito” -con un respetable kilometraje de juerga, con todo lo que eso implica ¿ustedes me entiende no??? … no se hagan pues-, para que, ya de bajada, comiences a hacer tu vida tranquilo.
A los cuarenta ya debes estar con algunos años de casado, con un par de críos por lo menos -salvo que tu mujer sea una de esas flojas que dicen que con uno es más que suficiente, sin tomar conciencia de que si su madre hubiera pensado como ella pues ni estuviera en este mundo porque ella es la quinta de siete hermanos-.
A los cuarenta ya debes tener carro, depa, y una hipoteca, que de seguro la van a terminar de pagar tus hijos.
A los cuarenta ya debes haber tenido por lo menos una amenaza de divorcio, sino dos, o a lo mejor ya estas divorciado - ¡¡ y la estas haciendo linda !!! - … o estas hecho un despojo, como le ha pasado a mi amigo el pelado, a quien la ropa no se le termina de caer de puro orgullo, porque el hombre, de la pena, está más tela que de verdad ya preocupa.
Ojalá que tenga las fuerzas suficientes para salir de esta.
A los cuarenta ya debes estar desarrollando “el proyecto de tu vida”, cualquiera que sea este (empresa, viaje, hijos, o lo que coños tu hayas destinado a este rubro de tu vida … si, si, esa cochinadita inconfesable que estas pensando también encaja en “proyecto de tu vida”, pero hazlo con cuidado, por favor).
En fin, para algunos los cuarenta son cosa de celebración.
En la chamba he visto como algunas de mis compañeras de trabajo les han celebrado con “gran pompa” los cuarenta a sus espositos.
He podido enterarme como ha habido charros, chifas, rock, en fin, un sinfín de “geniales celebraciones” por la entrada a una época “que merece ser celebrada”.
El problema con los cuarenta es que también aparecen esos “efectos secundarios” que nadie te avisa.
Esa “contraindicación” que no viene en ninguna parte de la gran celebración “por los cuarenta”.
Ocurre que a los cuarenta ya no puedes comer de noche como lo hacías cuando tenías veinte (yo al menos me empujaba lo que mi viejita me preparaba en el momento, y en diez minutos, sentadito en mi cama y viendo la tele … y eran como la una de la mañana … y dormía como un osito en invierno).
Si ahora me como un pan (si … ¡¡ un pan !!!) pues es como si me hubiera comido una vaca entera … y entonces nadie me salva de mi peor pesadilla …
A los cuarenta, todas aquellas “herencias” que te han dejado tus viejos -sin que se hayan muerto-, comienzan a aparecer en tu vida -o a manifestarse peor que obreros de construcción civil-.
Y no son cuentas corrientes en algún banco; tampoco son propiedades, ni joyas, ni un auto … ni siquiera la receta secreta de la abuelita, que por cierto no cocinaba rico.
Lo que ocurre es que de repente te comienza a joder una artritis por allí escondida; resulta que eras asmático y recién te enteras; o eres hipertenso; y que esa depresión que te acompaña desde hace algunos años es toda una tradición familiar; sin contar que vas a ser igual de pelado que tu viejo, o más jodido que él y tu viejita juntos.
En algún momento de la “maravillosa década de los cuarenta” nadie te va a salvar del dedo de un urólogo, salvo que quieras morirte a causa de un tumor más grande que tu gran y cojudo “orgullo de hombre macho”.
Lo cierto es que a los cuarenta no has madurado ni mierda.
Sino fijénse en mi; o parense con absoluta sinceridad frente al espejo de su baño (allí no hay nadie a quien engañar).
Puedes ser todo un profesional o un gran empresario; pero igual todavía quieres salir con tus patas para jugarte una pichanga y después tomarte unos tragos ... y después, lo que venga. Ni hablar de los viernes por la noche despues de la oficina, sobre todo despues de haber cobrado algo.
Y es que como alguna vez dijo la gran Mafalda (que en realidad es hombre … por Quino pues), “a diferencia de la mujeres, que en algún momento dejan las muñecas, los hombres nunca dejan la pelota”.
Sabiduría pura.
El tema es que los hombres nunca dejamos de ser niños.
Y lo cierto es que a los cuarenta experimentas una segunda pubertad.
Al final de esta cuarentona reflexión, yo solo se una cosa … los cuarenta no son gran cosa; es más, a veces quisiera salir corriendo de esta década para llegar de una vez a los cincuenta … y también se que una vez que esté en los cincuenta, me agarraré con uñas y dientes de ellos, porque una vez que llegue a los sesenta ... simplemente ya estaré viejo; sino pregúntenle a Airton, paisano y pataza del Churrito, gilero y pendejo de los buenos, quien cayó en cuenta que ya estaba viejo aquella vez que comenzó a sirear a Hellen -flamante cuarentona que aún conserva algo de su glorioso pasado- y la tía solo le sonreía como quien le sonríe a su abuelito.
Bueno Churrito, mil disculpas, ocurre que el día de tu onomástico estaba sufriendo una pequeña e imprevista “crisis de los cuarenta” (hubieras visto la cara del médico que vino a atenderme a mi casa ... el hombre me miraba completamente extrañado, sin darme una razón "médica" para mis males de ese día), razón por la cual no pude saludarte; y entonces no se me ocurrió mejor forma de homenajear tu día que escribiendo estas líneas.
¡¡ Feliz Cumple Churrito !!! … y ¡¡ Bienvenido al Club !!!
domingo, 6 de junio de 2010
¿ SE ME VA EL TREN ???
Leyendo a Milagros Leiva en su novísimo Blog de El Comercio, una pregunta me invadió repentinamente en medio de la lectura: ¿a los hombres se nos puede ir el tren?.
Viendo el recuento de cosas que Milagros no ha hecho en su vida y que confiesa quisiera hacer, yo empecé a preguntarme –al igual que el viejito del comercial de la Coca Cola- … ¿qué no he hecho en mi vida?.
Tengo cuarentaicinco años y he descubierto que mi lista no es nada corta.
Gracias a Dios, finalmente este año empecé una maestría … y premonitoriamente, yo ya decía el año pasado que no podía postergar mas el inicio de estos estudios ¡¡¡ porque se me acaba la vida !!!!!!
Pero hasta ahora no he logrado juntar la fuerza de voluntad suficiente para inscribirme en un gimnasio, ya ni siquiera para bajar de peso, sino, por lo menos para tratar de endurecer mi cuarentón cuerpo.
Tampoco logré escribir la ansiada novela. Y si no fuera por la magia del internet -que me regaló este Blog-, viviría frustrado por este tema.
No sé cantar, y sin embargo aún sueño con hacerlo encima de un escenario.
No sé bailar, y siempre quise ser el chico bailarín de la fiesta.
No se tocar ningún instrumento musical … pero aún sueño con sentarme frente a una batería.
Nunca me inscribí en ningún taller de teatro, aunque mi esposa piensa que no lo necesito; según ella mi talento histriónico es innato (¡¡ ya empezó el teatro !!! … suele decirme cuando me defiendo con pasión de alguna acusación).
Sobre el particular, nunca voy a olvidar aquella vez que, estando en el cole, miraba como mis compañeros de clase formaban el grupo que iba a interpretar la famosa escena de Bolognesi negándose a entregar la plaza de Arica a los chilenos, y todos se hacían los tercios con el papel del mensajero chileno, hasta que me harté y me dije para mis adentros “a la mierda, si tengo que ser chileno para poder actuar, pues lo seré” … así que para ese día mi madre me tuvo que disfrazar del Mayor Juan de la Cruz Salvo –el soldado chileno- y hasta ahora no se me borra el recuerdo de aquella bandera con la estrella solitaria en mi pecho. Otro recuerdo imborrable es la odiosa cara de Alejandra Longa con una barba blanca de algodón interpretando al Coronel Bolognesi. Desde esos tiempos ya las chicas querían hacer todo lo que era nuestro.
Nunca fui un genio con la pelota, pero al menos tuve una buena época cómo arquero de mi querido “Deportivo Relámpago” –el equipo que formamos en mi barrio-, y de mi aula en la secundaria … pero, ¿acaso no todos quisiéramos ser el goleador del equipo?? … lo intenté ya de adulto, y descubrí –para mi tristeza- que era mejor dirigente que jugador.
Nunca aprendí a manejar un auto.
Obvio, nunca me compré el auto.
Pero no pierdo la esperanza de algún día estar frente al volante de mi auto nuevo … a toda velocidad y con la música a todo volumen ¡¡ como en las películas !!! (Bitter Sweet Symphony de The Verve es la canción que he elegido para ese momento)… ya me cansé de ir a toda velocidad, pero con mp3 y en bicicleta … ¡¡ les puedo asegurar que no es lo mismo !!!
Hasta ahora no he podido dejar Lima Norte, que a pesar de quererla un montón, creo que ya es hora de que nos alejemos.
Ya tengo dieciséis años de casado … y aún no logro que mi padre pueda entender lo que eso significa.
Ya tengo dieciséis años de casado … y aún no logro entender yo mismo lo que eso significa (¡¡ carajo !!! … ¡¡ creo que me perezco a mi padre !!!).
Nunca consumí drogas.
Y mis amigos cuando querían consumirla en las fiestas, se las ingeniaban para que yo no me diera cuenta.
Por más que quise, nunca tuve una enamorada de ascendencia japonesa … he aprendido a vivir con ello.
Rosita Kanashiro fue lo más cerca que estuve de ese sueño … pero cuando estuve a punto de lograrlo, regresó con Eddy –su enamorado de muchos años- y ahora están felizmente casados. A quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga.
Quisiera ser profesor … eso es algo que si estoy empeñando en lograrlo … me estoy preparando para eso.
En fin, son muchas cosas que no he hecho y que me hubiera gustado hacer … estas que he enumerado creo que son solo algunas … varias, estoy seguro se me están escapando de la memoria; otras, seguro son inconfesables.
Para algunas, seguro queda algo de tiempo, pero para otras … de seguro ya se me fue el tren.
Chu Chu Talán.
Viendo el recuento de cosas que Milagros no ha hecho en su vida y que confiesa quisiera hacer, yo empecé a preguntarme –al igual que el viejito del comercial de la Coca Cola- … ¿qué no he hecho en mi vida?.
Tengo cuarentaicinco años y he descubierto que mi lista no es nada corta.
Gracias a Dios, finalmente este año empecé una maestría … y premonitoriamente, yo ya decía el año pasado que no podía postergar mas el inicio de estos estudios ¡¡¡ porque se me acaba la vida !!!!!!
Pero hasta ahora no he logrado juntar la fuerza de voluntad suficiente para inscribirme en un gimnasio, ya ni siquiera para bajar de peso, sino, por lo menos para tratar de endurecer mi cuarentón cuerpo.
Tampoco logré escribir la ansiada novela. Y si no fuera por la magia del internet -que me regaló este Blog-, viviría frustrado por este tema.
No sé cantar, y sin embargo aún sueño con hacerlo encima de un escenario.
No sé bailar, y siempre quise ser el chico bailarín de la fiesta.
No se tocar ningún instrumento musical … pero aún sueño con sentarme frente a una batería.
Nunca me inscribí en ningún taller de teatro, aunque mi esposa piensa que no lo necesito; según ella mi talento histriónico es innato (¡¡ ya empezó el teatro !!! … suele decirme cuando me defiendo con pasión de alguna acusación).
Sobre el particular, nunca voy a olvidar aquella vez que, estando en el cole, miraba como mis compañeros de clase formaban el grupo que iba a interpretar la famosa escena de Bolognesi negándose a entregar la plaza de Arica a los chilenos, y todos se hacían los tercios con el papel del mensajero chileno, hasta que me harté y me dije para mis adentros “a la mierda, si tengo que ser chileno para poder actuar, pues lo seré” … así que para ese día mi madre me tuvo que disfrazar del Mayor Juan de la Cruz Salvo –el soldado chileno- y hasta ahora no se me borra el recuerdo de aquella bandera con la estrella solitaria en mi pecho. Otro recuerdo imborrable es la odiosa cara de Alejandra Longa con una barba blanca de algodón interpretando al Coronel Bolognesi. Desde esos tiempos ya las chicas querían hacer todo lo que era nuestro.
Nunca fui un genio con la pelota, pero al menos tuve una buena época cómo arquero de mi querido “Deportivo Relámpago” –el equipo que formamos en mi barrio-, y de mi aula en la secundaria … pero, ¿acaso no todos quisiéramos ser el goleador del equipo?? … lo intenté ya de adulto, y descubrí –para mi tristeza- que era mejor dirigente que jugador.
Nunca aprendí a manejar un auto.
Obvio, nunca me compré el auto.
Pero no pierdo la esperanza de algún día estar frente al volante de mi auto nuevo … a toda velocidad y con la música a todo volumen ¡¡ como en las películas !!! (Bitter Sweet Symphony de The Verve es la canción que he elegido para ese momento)… ya me cansé de ir a toda velocidad, pero con mp3 y en bicicleta … ¡¡ les puedo asegurar que no es lo mismo !!!
Hasta ahora no he podido dejar Lima Norte, que a pesar de quererla un montón, creo que ya es hora de que nos alejemos.
Ya tengo dieciséis años de casado … y aún no logro que mi padre pueda entender lo que eso significa.
Ya tengo dieciséis años de casado … y aún no logro entender yo mismo lo que eso significa (¡¡ carajo !!! … ¡¡ creo que me perezco a mi padre !!!).
Nunca consumí drogas.
Y mis amigos cuando querían consumirla en las fiestas, se las ingeniaban para que yo no me diera cuenta.
Por más que quise, nunca tuve una enamorada de ascendencia japonesa … he aprendido a vivir con ello.
Rosita Kanashiro fue lo más cerca que estuve de ese sueño … pero cuando estuve a punto de lograrlo, regresó con Eddy –su enamorado de muchos años- y ahora están felizmente casados. A quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga.
Quisiera ser profesor … eso es algo que si estoy empeñando en lograrlo … me estoy preparando para eso.
En fin, son muchas cosas que no he hecho y que me hubiera gustado hacer … estas que he enumerado creo que son solo algunas … varias, estoy seguro se me están escapando de la memoria; otras, seguro son inconfesables.
Para algunas, seguro queda algo de tiempo, pero para otras … de seguro ya se me fue el tren.
Chu Chu Talán.
martes, 11 de mayo de 2010
¿ Madres ??? ¡¡¡ Las Palomas !!! ... un pequeño antihomenaje que será mas digerible después del Día de la Madre
Una discusión con mi madre (que me dolió mucho, y asumo que a ella le dolió aun mucho más) me llevó hace unos meses a repensar sobre el dulce y espinoso tema de las madres; y, en ese entonces, cuando iba en un taxi hacia la chamba, ví una paloma parada sobre un poste de alumbrado público; e inmediatamente me acordé de algo que no había visto nunca.
El verano antepasado, gracias a los ventanales que hay en el edificio donde trabajo, pude ser testigo de como un palomo (¿¿ así se escribirá ???) preparaba un nido sobre el gran cubo del aire acondicionado que sobresalía a los ventanales. Con una paciencia solo comparable a la mía -cuando desengrapo, ordeno y vuelvo a engrapar toda mi chamba en las mañanas-, el picudo animal trajo, de no se dónde, un incontable numero de ramitas, hasta que finalmente, y después de un día entero de viajes, logró terminar de armar el nido.
La razón de tanto esmero no era otra cosa que la llegada de nuevos huevos que empollar (¿o empalomar???).
Armado el nido y ubicada la paloma, fui testigo de como esta se pasó mas de un mes posada sobre el nido hasta que reventaron los huevos y salieron dos ¿palomitos??? … luego vino el proceso de alimentación, y era realmente sorprendente ver como el instinto maternal funcionaba a la perfección … Día a día, estos nuevos seres eran alimentados por ella de pico a pico.
Pasaban los días e iba viendo como esos nuevos y feuchos seres iban creciendo y tomando forma adulta.
Una vez crecidos, los nuevos picudos volaron del nido y la paloma también desapareció .. dejando tan solo las ramitas abandonadas, y el llanto de mi amiga, la Sosita, inexplicable para mi; porque yo a la paloma no la ví llorar en ningún momento, y menos la ví volar tras aquellos seres que había cuidado con tanto celo.
Entonces comprendí que para ellos se había cumplido un ciclo de vida, que todo era simple, y que no había tragedia alguna en todo aquello.
¿Qué tiene todo esto que ver con las madres ???, pues mucho, sobre todo con las de esta época. Y ojalá puedan disculparme el atrevimiento de estas líneas, aunque estoy seguro que no lo van a hacer.
Esa paloma solo hizo lo que la naturaleza le ordenó, y no cuestionó en ningún momento el ciclo natural de vida. Estuvo quietecita todo el tiempo necesario para que los huevos se mantuvieran calientes, maduraran y se quebraran con la fuerza de los nuevos seres que empujaban por salir.
No me la imagino amarrándose los huevos a la cola para poder “ir” en busca de su realización animal. Menos mandándolos congelar para “empollarlos” mas adelante … “cuando tenga tiempo para ello”.
Una vez quebrados los huevos ella se mantuvo al lado de sus críos (¡¡¡ la verdad no se como llamarlos !!!) y los alimentó todo el tiempo necesario.
No contrató otra paloma para que hiciera eso; y creo que si lo hubiera hecho, estoy convencido que le hubiera pagado mucho mas que un sueldo mínimo.
Tampoco me imagino a esa paloma recriminando a sus críos -ya creciditos- por haber elegido una palomita que no era del agrado de ella.
Pertenezco a una generación que en su niñez y adolescencia podía ir a cualquier lado, no importara donde, con la plena seguridad, de que de regreso a casa iba a encontrar a su madre, quien lo iba a mandar a bañarse y a cambiarse de ropa, lo iba a alimentar … y probablemente le iba a pegar un grito por no avisarle donde andaba.
Eran tiempos diferentes.
Eran tiempos en los que en las casas no faltaba nunca una madre.
Tiempos de inocencia … tiempos sin pandillas … tiempos en los que la leche amanecía en la puerta de tu casa dentro de una botella de vidrio.
Tiempos en los que uno tomaba el lonche con su madre, y con cinco hermanos más … acompañados de un buen plato de quaker con manzana, preparado por ella misma.
Aún no se había inventado “la calidad de tiempo”.
El tiempo era simplemente tiempo y ella no lo parcelaba ni te lo retaceaba.
Tu mamá era a tiempo completo.
Tu mamá no era de manual ni era una mamá de teléfono.
Y es que las madres eran eso: madres.
No eran “madres coraje”, “madres emprendedoras” o “madres profesionales”.
Aun no se había hecho añadiduras al término madre para justificar la ausencia.
Si, ya lo sé, los seres humanos no somos animales … pero seamos honestos y reconozcamos que los animales, por lo menos en algunas cosas, son mejores que nosotros.
Si, ya lo sé, todos tenemos derecho a alcanzar nuestro desarrollo personal, pero, por el amor de Dios, hagámoslo sin perjudicar a nadie.
Si, ya lo sé, es fácil hablar de mujeres cuando se es hombre … pero, ¿qué puedo hacer al respecto? ¿acaso me debo sentir culpable por lo que pienso? …
Si, ya lo se madre mía, la vida me ha hecho tornar en un ser que no se parece en mucho al de mi niñez y mi adolescencia, pero viejita, te aseguro que aún soy yo … y si te herí con mis palabras, espero me puedas perdonar … como siempre lo has sabido hacer.
Te amo madre … aunque cada vez sea más difícil que nos podamos entender.
El verano antepasado, gracias a los ventanales que hay en el edificio donde trabajo, pude ser testigo de como un palomo (¿¿ así se escribirá ???) preparaba un nido sobre el gran cubo del aire acondicionado que sobresalía a los ventanales. Con una paciencia solo comparable a la mía -cuando desengrapo, ordeno y vuelvo a engrapar toda mi chamba en las mañanas-, el picudo animal trajo, de no se dónde, un incontable numero de ramitas, hasta que finalmente, y después de un día entero de viajes, logró terminar de armar el nido.
La razón de tanto esmero no era otra cosa que la llegada de nuevos huevos que empollar (¿o empalomar???).
Armado el nido y ubicada la paloma, fui testigo de como esta se pasó mas de un mes posada sobre el nido hasta que reventaron los huevos y salieron dos ¿palomitos??? … luego vino el proceso de alimentación, y era realmente sorprendente ver como el instinto maternal funcionaba a la perfección … Día a día, estos nuevos seres eran alimentados por ella de pico a pico.
Pasaban los días e iba viendo como esos nuevos y feuchos seres iban creciendo y tomando forma adulta.
Una vez crecidos, los nuevos picudos volaron del nido y la paloma también desapareció .. dejando tan solo las ramitas abandonadas, y el llanto de mi amiga, la Sosita, inexplicable para mi; porque yo a la paloma no la ví llorar en ningún momento, y menos la ví volar tras aquellos seres que había cuidado con tanto celo.
Entonces comprendí que para ellos se había cumplido un ciclo de vida, que todo era simple, y que no había tragedia alguna en todo aquello.
¿Qué tiene todo esto que ver con las madres ???, pues mucho, sobre todo con las de esta época. Y ojalá puedan disculparme el atrevimiento de estas líneas, aunque estoy seguro que no lo van a hacer.
Esa paloma solo hizo lo que la naturaleza le ordenó, y no cuestionó en ningún momento el ciclo natural de vida. Estuvo quietecita todo el tiempo necesario para que los huevos se mantuvieran calientes, maduraran y se quebraran con la fuerza de los nuevos seres que empujaban por salir.
No me la imagino amarrándose los huevos a la cola para poder “ir” en busca de su realización animal. Menos mandándolos congelar para “empollarlos” mas adelante … “cuando tenga tiempo para ello”.
Una vez quebrados los huevos ella se mantuvo al lado de sus críos (¡¡¡ la verdad no se como llamarlos !!!) y los alimentó todo el tiempo necesario.
No contrató otra paloma para que hiciera eso; y creo que si lo hubiera hecho, estoy convencido que le hubiera pagado mucho mas que un sueldo mínimo.
Tampoco me imagino a esa paloma recriminando a sus críos -ya creciditos- por haber elegido una palomita que no era del agrado de ella.
Pertenezco a una generación que en su niñez y adolescencia podía ir a cualquier lado, no importara donde, con la plena seguridad, de que de regreso a casa iba a encontrar a su madre, quien lo iba a mandar a bañarse y a cambiarse de ropa, lo iba a alimentar … y probablemente le iba a pegar un grito por no avisarle donde andaba.
Eran tiempos diferentes.
Eran tiempos en los que en las casas no faltaba nunca una madre.
Tiempos de inocencia … tiempos sin pandillas … tiempos en los que la leche amanecía en la puerta de tu casa dentro de una botella de vidrio.
Tiempos en los que uno tomaba el lonche con su madre, y con cinco hermanos más … acompañados de un buen plato de quaker con manzana, preparado por ella misma.
Aún no se había inventado “la calidad de tiempo”.
El tiempo era simplemente tiempo y ella no lo parcelaba ni te lo retaceaba.
Tu mamá era a tiempo completo.
Tu mamá no era de manual ni era una mamá de teléfono.
Y es que las madres eran eso: madres.
No eran “madres coraje”, “madres emprendedoras” o “madres profesionales”.
Aun no se había hecho añadiduras al término madre para justificar la ausencia.
Si, ya lo sé, los seres humanos no somos animales … pero seamos honestos y reconozcamos que los animales, por lo menos en algunas cosas, son mejores que nosotros.
Si, ya lo sé, todos tenemos derecho a alcanzar nuestro desarrollo personal, pero, por el amor de Dios, hagámoslo sin perjudicar a nadie.
Si, ya lo sé, es fácil hablar de mujeres cuando se es hombre … pero, ¿qué puedo hacer al respecto? ¿acaso me debo sentir culpable por lo que pienso? …
Si, ya lo se madre mía, la vida me ha hecho tornar en un ser que no se parece en mucho al de mi niñez y mi adolescencia, pero viejita, te aseguro que aún soy yo … y si te herí con mis palabras, espero me puedas perdonar … como siempre lo has sabido hacer.
Te amo madre … aunque cada vez sea más difícil que nos podamos entender.
jueves, 7 de enero de 2010
Ozzy: El cazador casado
Yo tenía -creo- 26 años, y vivía probablemente la etapa más confusa y estéril de mi vida. Mis padres se habían separado, ya había acabado la universidad, no tenía el título profesional, no tenía un trabajo decente; y para colmo engañaba a una chica -ahora lo veo todo tan claro- haciéndole creer -anillo incluido-, que me iba a casar con ella.
Era pasado el mediodía de un sábado de aquellos días, cuando sonó el timbre de mi casa.
Cuando salí por la ventana a ver quien molestaba a esa hora, me sorprendió ver a quien para efectos de esta historia llamaré Ozzy.
Era extraño ver a Ozzy en aquellos años.
Habíamos sido muy amigos en la niñez, pubertad y parte de nuestra juventud; pero la vida nos había separado cuando pugnábamos por iniciar nuestras vidas universitarias.
Intentamos primero la Cayetano -él- y la Católica -yo-, y no pudimos; luego ambos la San Marcos, yo ingresé, él no pudo. Finalmente él recaló en la Villarreal, que, por cierto, no era una opción para mí (bien clarito me lo había dicho mi viejo: Católica, UNI o San Marcos).
- Vengo a invitarte a mi matrimonio, me dijo, casi atropellando con las palabras. Yo lo miraba sorprendido por la noticia, pero algo incrédulo porque no traía ninguna invitación en las manos.
- Que bien, felicitaciones, ¿cuándo?, rematé.
-Hoy, a las cuatro de la tarde, me dijo, con una sonrisa medio avergonzada, que no encajaba en su orgullosa personalidad.
No tengo un recuerdo claro de cómo acabó ese reencuentro con Ozzy, recuerdo muy vagamente que caminamos por la calle principal de nuestro barrio, mientras me confesaba que incluso él mismo se había enterado de la fecha de su matrimonio la noche anterior (su futura esposa se había encargado personalmente de los trámites, porque él estaba trabajando en provincias).
Lo que sí recuerdo claramente es que no fui al matrimonio.
Me excusé a mi mismo diciéndome que la invitación era muy inapropiada por extemporánea, pero la verdad es que no fui porque eso implicaba comentárselo a “mi novia”, y esto -a su vez- implicaba enfrascarme en otra inacabable discusión con ella, cosa de lo cual ya me encontraba realmente harto … creo que también ya me encontraba harto de ella y sus niñerías.
Por otro lado, la relación con Ozzy se había desgastado demasiado en los últimos años, y no valía la pena pasar por una discusión a causa de él … ni si quiera por su matrimonio.
En su momento, yo no lo invité al mío.
Por amigos comunes se que aquella celebración fue un desastre.
Una celebración groseramente atolondrada, con una novia embarazada y enfurecida con la familia del novio, que llegó ridículamente disminuida en su número … y tarde (cada quien sabe como se las ingenia para dejar bien sentada su mas enérgica protesta).
Después no supe más de él. Creo que ni lo he vuelto a ver. Solo he escuchado que ha firmado cinco hijos, que no se le puede llamar por teléfono porque la esposa larga a todo su pasado, y que, bueno, al menos no le ha ido nada mal en la parte laboral, lo cual si debe alegrar sobremanera a la esposa … quien, según también sé, no está dispuesta a compartir su boleto ganador.
Cada vez que mi memoria me trae a Ozzy de regreso, me parece mentira todo lo que me cuentan de él, y de su peculiar esposa.
Soy un convencido de que todos los hombres nacemos con una determinada dosis de defensas que nos permite convivir con la naturaleza femenina, sino no podríamos casarnos; pero creo que esta señora si que ha elevado a la “miedósfera” el “mercurio” que contiene Ozzy.
Todo se paga en esta vida, eso ya lo sé, y -obvio- no hay que morirse para ello; y creo que Ozzy tenía mucho que pagar en cuanto a chicas; pero nunca me imaginé que la vida le podría pasar -sobre todo a él- una factura tan grande.
Una vez superada la pubertad, él se convirtió en un delgado y alto muchacho que irradiaba una gran simpatía. Bailarín, amante del cajón, enamorador, y portador de un ego que era aún mucho más grande que él, era el típico producto de su familia: “Arriba, siempre arriba, arriba hasta las estrellas”.
Pero ocurre que voló tan alto, que, según sé, una vez casado, dejó abajo a todita su familia.
Creo que tuvo a todas las chicas que quiso. El problema es que también las trató como quiso ... y eso la vida, en algún momento, te lo cobra.
Uno de sus grandes amigos de juventud cuenta que él se despedía de una de sus enamoradas diciéndole: “mi amor, si mañana te duele la cabeza, es porque esta noche pienso ponerte los cuernos” … así era Ozzy.
Incapaz de sostener una relación larga, picaba en todos lados y no se quedaba en ninguno. Así, ví como hizo trizas mi posibilidad con Mónica, y tampoco se quedó con ella.
Cuando un chico tímido atraviesa lentamente el camino de la pubertad y la adolescencia, ve con impotencia como los “chicos malos” se llevan a la chica que te gusta. “Es que ellos son tan divertidos” … y tú no existes.
Estas líneas son -tal vez- mi venganza.
Cuentan que Ozzy conoció a Libby en la universidad. Ella trabajaba allí.
Y Libby no era como las otras chicas que había conocido antes. Ella tenía las cosas claras y tuvo una virtud por sobre todas las demás: había decidido quedarse con él … y el precio no importaba.
Cuando él quiso reaccionar igual que antes –y zafar- no pudo con ese torbellino llamado “mujer decidida a casarse”.
Él era el último tren, y ella no lo iba a perder.
Él rompía con ella, pero ella no se daba por enterada.
Él no la buscaba, y entonces ella iba en su búsqueda.
Él se hacía negar con su madre –quien intentó defender ferozmente a su cachorro-, pero ella –cual lobo en la casa de uno de los cerditos- tocaba, tocaba y tocaba la puerta hasta que él saliera … y cuentan que se podía quedar horas tocando la puerta.
Bueno, como ya saben, Libby ganó la partida.
Derribó la casa del cerdito y se lo llevó.
- Ya ve señora … le gané, cuentan que le dijo Libby a su flamante suegra aquella noche del matrimonio.
No conozco mayores detalles, pero conociendo a Ozzy, de seguro sigue haciendo de las suyas, aunque también estoy seguro que ahora lo hace aterrado, sabiendo que le pisan los talones. Ya no tiene quince años, y ya no puede alardear de sus faenas.
Como ya lo dije, todo se paga en la vida amigos míos, y de seguro yo algún día tendré que pagar un precio por estas líneas.
¡ Ah !! … Dejé para el último este pequeño dato: “mi novia” dejó de serlo a los pocos meses de este matrimonio. Una bofetada –la cual recuerdo con aprecio-, en un lugar y momento inapropiados, me permitió decir, sin el menor sentimiento de culpa, “se acabó”.
Era pasado el mediodía de un sábado de aquellos días, cuando sonó el timbre de mi casa.
Cuando salí por la ventana a ver quien molestaba a esa hora, me sorprendió ver a quien para efectos de esta historia llamaré Ozzy.
Era extraño ver a Ozzy en aquellos años.
Habíamos sido muy amigos en la niñez, pubertad y parte de nuestra juventud; pero la vida nos había separado cuando pugnábamos por iniciar nuestras vidas universitarias.
Intentamos primero la Cayetano -él- y la Católica -yo-, y no pudimos; luego ambos la San Marcos, yo ingresé, él no pudo. Finalmente él recaló en la Villarreal, que, por cierto, no era una opción para mí (bien clarito me lo había dicho mi viejo: Católica, UNI o San Marcos).
- Vengo a invitarte a mi matrimonio, me dijo, casi atropellando con las palabras. Yo lo miraba sorprendido por la noticia, pero algo incrédulo porque no traía ninguna invitación en las manos.
- Que bien, felicitaciones, ¿cuándo?, rematé.
-Hoy, a las cuatro de la tarde, me dijo, con una sonrisa medio avergonzada, que no encajaba en su orgullosa personalidad.
No tengo un recuerdo claro de cómo acabó ese reencuentro con Ozzy, recuerdo muy vagamente que caminamos por la calle principal de nuestro barrio, mientras me confesaba que incluso él mismo se había enterado de la fecha de su matrimonio la noche anterior (su futura esposa se había encargado personalmente de los trámites, porque él estaba trabajando en provincias).
Lo que sí recuerdo claramente es que no fui al matrimonio.
Me excusé a mi mismo diciéndome que la invitación era muy inapropiada por extemporánea, pero la verdad es que no fui porque eso implicaba comentárselo a “mi novia”, y esto -a su vez- implicaba enfrascarme en otra inacabable discusión con ella, cosa de lo cual ya me encontraba realmente harto … creo que también ya me encontraba harto de ella y sus niñerías.
Por otro lado, la relación con Ozzy se había desgastado demasiado en los últimos años, y no valía la pena pasar por una discusión a causa de él … ni si quiera por su matrimonio.
En su momento, yo no lo invité al mío.
Por amigos comunes se que aquella celebración fue un desastre.
Una celebración groseramente atolondrada, con una novia embarazada y enfurecida con la familia del novio, que llegó ridículamente disminuida en su número … y tarde (cada quien sabe como se las ingenia para dejar bien sentada su mas enérgica protesta).
Después no supe más de él. Creo que ni lo he vuelto a ver. Solo he escuchado que ha firmado cinco hijos, que no se le puede llamar por teléfono porque la esposa larga a todo su pasado, y que, bueno, al menos no le ha ido nada mal en la parte laboral, lo cual si debe alegrar sobremanera a la esposa … quien, según también sé, no está dispuesta a compartir su boleto ganador.
Cada vez que mi memoria me trae a Ozzy de regreso, me parece mentira todo lo que me cuentan de él, y de su peculiar esposa.
Soy un convencido de que todos los hombres nacemos con una determinada dosis de defensas que nos permite convivir con la naturaleza femenina, sino no podríamos casarnos; pero creo que esta señora si que ha elevado a la “miedósfera” el “mercurio” que contiene Ozzy.
Todo se paga en esta vida, eso ya lo sé, y -obvio- no hay que morirse para ello; y creo que Ozzy tenía mucho que pagar en cuanto a chicas; pero nunca me imaginé que la vida le podría pasar -sobre todo a él- una factura tan grande.
Una vez superada la pubertad, él se convirtió en un delgado y alto muchacho que irradiaba una gran simpatía. Bailarín, amante del cajón, enamorador, y portador de un ego que era aún mucho más grande que él, era el típico producto de su familia: “Arriba, siempre arriba, arriba hasta las estrellas”.
Pero ocurre que voló tan alto, que, según sé, una vez casado, dejó abajo a todita su familia.
Creo que tuvo a todas las chicas que quiso. El problema es que también las trató como quiso ... y eso la vida, en algún momento, te lo cobra.
Uno de sus grandes amigos de juventud cuenta que él se despedía de una de sus enamoradas diciéndole: “mi amor, si mañana te duele la cabeza, es porque esta noche pienso ponerte los cuernos” … así era Ozzy.
Incapaz de sostener una relación larga, picaba en todos lados y no se quedaba en ninguno. Así, ví como hizo trizas mi posibilidad con Mónica, y tampoco se quedó con ella.
Cuando un chico tímido atraviesa lentamente el camino de la pubertad y la adolescencia, ve con impotencia como los “chicos malos” se llevan a la chica que te gusta. “Es que ellos son tan divertidos” … y tú no existes.
Estas líneas son -tal vez- mi venganza.
Cuentan que Ozzy conoció a Libby en la universidad. Ella trabajaba allí.
Y Libby no era como las otras chicas que había conocido antes. Ella tenía las cosas claras y tuvo una virtud por sobre todas las demás: había decidido quedarse con él … y el precio no importaba.
Cuando él quiso reaccionar igual que antes –y zafar- no pudo con ese torbellino llamado “mujer decidida a casarse”.
Él era el último tren, y ella no lo iba a perder.
Él rompía con ella, pero ella no se daba por enterada.
Él no la buscaba, y entonces ella iba en su búsqueda.
Él se hacía negar con su madre –quien intentó defender ferozmente a su cachorro-, pero ella –cual lobo en la casa de uno de los cerditos- tocaba, tocaba y tocaba la puerta hasta que él saliera … y cuentan que se podía quedar horas tocando la puerta.
Bueno, como ya saben, Libby ganó la partida.
Derribó la casa del cerdito y se lo llevó.
- Ya ve señora … le gané, cuentan que le dijo Libby a su flamante suegra aquella noche del matrimonio.
No conozco mayores detalles, pero conociendo a Ozzy, de seguro sigue haciendo de las suyas, aunque también estoy seguro que ahora lo hace aterrado, sabiendo que le pisan los talones. Ya no tiene quince años, y ya no puede alardear de sus faenas.
Como ya lo dije, todo se paga en la vida amigos míos, y de seguro yo algún día tendré que pagar un precio por estas líneas.
¡ Ah !! … Dejé para el último este pequeño dato: “mi novia” dejó de serlo a los pocos meses de este matrimonio. Una bofetada –la cual recuerdo con aprecio-, en un lugar y momento inapropiados, me permitió decir, sin el menor sentimiento de culpa, “se acabó”.
