Yo transité de la juventud a la adultez con muchas frases de mi viejo que se han constituido en los pilares de mi vida.
Una de ellas era “… hijo, nunca te olvides, chancho con chancho y gente con gente” así era mi viejo, y creo que siempre lo seguirá siendo. Y continuaba “… si tu eres gente, júntate con alguien que sea gente, así vas a ser feliz, y si eres chancho, no seas malo pues, no hagas sufrir a nadie, no te vayas a juntar con gente, porque va a sufrir … júntate con una chancha …”.
Y así fui transitando por la vida; convencido -obvio- de que yo era gente.
Ya entrado en la adultez, comencé a tener problemas con todos mis entornos (conyugal, amical, laboral, y una larga fila de etcéteras). Llegué a un punto de mi vida en el que decía las cosas tal cual las pensaba ... sin filtrar nada .. operaba sin anestesia ... y comencé a percatarme que todos me miraban de una forma extraña que no terminaba de entender, sin embargo no me decían nada, salvo mi cónyuge -quien, como comprenderán -sobre todo mis amigos casados- tiene derecho a decirme lo que le venga en gana-; pero como nada era obvio, yo seguí para adelante ... y cada vez era peor.
"Walter siempre te va a decir la verdad aunque, con eso se joda él mismo", le dijo alguna vez un amigo a otro, y cuando yo me enteré del comentario solo atiné a sonreir ... no terminaba de tomar conciencia de lo que ocurría conmigo ...
"Lo que ocurre contigo -Walter- es que eres confrontacional", me dijo en otra ocasión otro amigo, cuando yo le decía que era un cobarde por no decirle a nuestra jefa lo que él realmente pensaba, del trabajo y de ella ... nunca me detuve a analizar las verdaderas razones por las cuales él guardaba un prudente y sabio silencio.
Fue en una discusión con este mismo amigo que llegué a la errada conclusión de que las reglas de urbanidad no podían ser pretexto para no decir la verdad ... ¡¡ cuan equivocado había vivido !!! ... Ahora se que a la gente -al igual que al Estado, o a tu Madre en el Día de la Madre- le gusta que la engañen ... si uno no le dice bonita a la fea o brillante al bruto se vuelve en un pária social, un problemático en el trabajo y hasta en un ogro dentro de su propia casa ... en esta selva de cemento es una regla de oro decir "lo adecuado", no la verdad, no al menos la tuya -que además al resto le vale un carajo- ... la verdad incomoda, ofende ... y hasta podría decirse que es de muy mala educación decirla ... por eso nos educan.
Pero siempre fui terco como una mula (¿o como un chancho ???) en la idea de que las cosas deben ser determinada forma; y en la absurda lucha por la defensa de este riguroso y utópico orden de las cosas -orden que probablemente no exista mas que en mi afiebrada imaginación- he terminado enfrentándome a cuanto "desordenado" ser he tenido enfrente ... espetándole "mi verdad", sin forma alguna -¿que irónico no???-, convencido de que la verdad no tiene mas una sola forma -obvio, la que yo le doy-.
Ahora, despues de haber recorrido -probablemente- la mitad de mi vida, o algo más-, ya no estoy tan convencido de que los chanchos estén del otro lado del escritorio, es más, no se porque extraña razón intuyo que mi viejo también intuía lo mismo, y por eso prefirió soltar la frase sin precisar si debía juntarme con chancho o con gente.
Dicho esto, es mi obligación dejar expresa constancia de que mi esposa encaja perfectamente en el especímen gente -alguien tiene que educar a los niños ¿no?-, y que si ya se dió cuenta de con qué especímen se casó, su gran e inexplicable amor por mi hará que se lleve ese "secretito" a la tumba.
¡ Oink !!
Una de ellas era “… hijo, nunca te olvides, chancho con chancho y gente con gente” así era mi viejo, y creo que siempre lo seguirá siendo. Y continuaba “… si tu eres gente, júntate con alguien que sea gente, así vas a ser feliz, y si eres chancho, no seas malo pues, no hagas sufrir a nadie, no te vayas a juntar con gente, porque va a sufrir … júntate con una chancha …”.
Y así fui transitando por la vida; convencido -obvio- de que yo era gente.
Ya entrado en la adultez, comencé a tener problemas con todos mis entornos (conyugal, amical, laboral, y una larga fila de etcéteras). Llegué a un punto de mi vida en el que decía las cosas tal cual las pensaba ... sin filtrar nada .. operaba sin anestesia ... y comencé a percatarme que todos me miraban de una forma extraña que no terminaba de entender, sin embargo no me decían nada, salvo mi cónyuge -quien, como comprenderán -sobre todo mis amigos casados- tiene derecho a decirme lo que le venga en gana-; pero como nada era obvio, yo seguí para adelante ... y cada vez era peor.
"Walter siempre te va a decir la verdad aunque, con eso se joda él mismo", le dijo alguna vez un amigo a otro, y cuando yo me enteré del comentario solo atiné a sonreir ... no terminaba de tomar conciencia de lo que ocurría conmigo ...
"Lo que ocurre contigo -Walter- es que eres confrontacional", me dijo en otra ocasión otro amigo, cuando yo le decía que era un cobarde por no decirle a nuestra jefa lo que él realmente pensaba, del trabajo y de ella ... nunca me detuve a analizar las verdaderas razones por las cuales él guardaba un prudente y sabio silencio.
Fue en una discusión con este mismo amigo que llegué a la errada conclusión de que las reglas de urbanidad no podían ser pretexto para no decir la verdad ... ¡¡ cuan equivocado había vivido !!! ... Ahora se que a la gente -al igual que al Estado, o a tu Madre en el Día de la Madre- le gusta que la engañen ... si uno no le dice bonita a la fea o brillante al bruto se vuelve en un pária social, un problemático en el trabajo y hasta en un ogro dentro de su propia casa ... en esta selva de cemento es una regla de oro decir "lo adecuado", no la verdad, no al menos la tuya -que además al resto le vale un carajo- ... la verdad incomoda, ofende ... y hasta podría decirse que es de muy mala educación decirla ... por eso nos educan.
Pero siempre fui terco como una mula (¿o como un chancho ???) en la idea de que las cosas deben ser determinada forma; y en la absurda lucha por la defensa de este riguroso y utópico orden de las cosas -orden que probablemente no exista mas que en mi afiebrada imaginación- he terminado enfrentándome a cuanto "desordenado" ser he tenido enfrente ... espetándole "mi verdad", sin forma alguna -¿que irónico no???-, convencido de que la verdad no tiene mas una sola forma -obvio, la que yo le doy-.
Ahora, despues de haber recorrido -probablemente- la mitad de mi vida, o algo más-, ya no estoy tan convencido de que los chanchos estén del otro lado del escritorio, es más, no se porque extraña razón intuyo que mi viejo también intuía lo mismo, y por eso prefirió soltar la frase sin precisar si debía juntarme con chancho o con gente.
Dicho esto, es mi obligación dejar expresa constancia de que mi esposa encaja perfectamente en el especímen gente -alguien tiene que educar a los niños ¿no?-, y que si ya se dió cuenta de con qué especímen se casó, su gran e inexplicable amor por mi hará que se lleve ese "secretito" a la tumba.
¡ Oink !!